Hoy conversamos con… Valeria Gamper, sommelier

Fuente: http://www.bacoclub.com.ar

Por Jorgelina Soulet

 

La sommeliere Valeria Gamper terminó cuarta en el Concurso Mejor Sommelier de las Américas Canadá 2018, y mejor clasificación femenina en el certamen continental que reunió a los mejores veinte sommeliers del continente. La revista Elixir conversó con ella.


Elixir: ¿Cómo y cuándo decidiste hacerte sommelier?

Valeria Gamper: Antes de estudiar Sommellierie estudié Administración Hotelera. En primer año de la carrera, con 19 años, hice un curso de Bartender, que me inspiró y marcó mi rumbo para siempre. De las diez clases, tuve tres clases de vinos que me sirvieron para darme cuenta de que a eso me tenía que dedicar.

Dentro de la hotelería siempre me desempeñé dentro del sector Alimentos y Bebidas. Me gustaba saber el origen de los alimentos, de las bebidas, entender las diferencias entre las calidades, por qué este Cognac costaba el doble que el otro, etc.

Cuando comencé la carrera en CAVE, en el año 2008, tenía 23 años, y casi no tomaba vino. De hecho, ahora que pienso bien, ni sabía qué hacía realmente un sommelier, pero sí sabía que necesitaba y quería tener más conocimiento. Era tanta la curiosidad que me despertaba el mundo del vino, que decidí alinear los planetas y hacer de “esta cuenta pendiente” mi profesión actual.


Elixir: ¿Podés explicarle a alguien que no sabe qué es ser un sommelier?

V. G.: Es una persona que tiene profundo conocimiento del vino de su país y también de vinos del mundo. Debe saber también de destilados, licores, aperitivos y demás bebidas alcohólicas y no alcohólicas, como aguas. También de té, café, chocolates, aceites y demás productos gastronómicos.

El ámbito original de trabajo siempre fue el restaurante. El conocimiento de bebidas y comidas lo vuelca a diario en el servicio al cliente, recomendando vinos en base a la comida elegida, siempre en función de los gustos y preferencias de las personas. Tiene como premisa máxima hacerlos felices y que vuelvan al restaurante.

Hoy por hoy, se supo trascender la sala y también se encuentra gente con formación en fuerzas de ventas de bodegas, en docencia y capacitación, en asesoramiento, en periodismo y comunicación. Y mucho más…  


Elixir: ¿Cómo se encuentra la Sommellierie argentina en este momento?

V. G.: Creo que viene creciendo muy bien. Desde que se recibió la primera camada de sommeliers en Argentina hasta ahora, el crecimiento fue exponencial. Es un momento muy bueno que se está viviendo a nivel nacional e internacional gracias a muchas personas que elevaron la vara. De todas maneras, hay que seguir trabajando para ser cada vez mejores y ser un referente de confianza y seriedad.  Y la única manera de hacerlo es con el trabajo en conjunto todos los sectores: bodegas, escuelas de sommeliers, la Asociación Argentina de Sommeliers (AAS), distribuidoras, etc. La Asociación Argentina de Sommeliers desde su fundación fue apoyando y brindando difusión a los sommeliers, así como también volcando todos los recursos en capacitaciones para sus socios, dando charlas, seminarios con bodegas, y degustaciones. Hay que destacar que cada comisión directiva trabajó sin remuneración año tras año para mostrarnos fuertes y unidos. Creo fuertemente que también hay que apoyar a la AAS para crecer con más fuerza.


Elixir: ¿Podés contarnos tu experiencia en el Concurso Mejor Sommelier de las Américas?

V. G.: Los meses antes del concurso fueron dedicados a la preparación. El transitar “el previo” fue una experiencia hermosa. Traté de actualizarme en temas teóricos y también fue una oportunidad para estudiar aquellos temas que siempre me habían quedado en el tintero.

La cata fue una parte fuerte del entrenamiento. Catar dos a tres veces por semana vinos de afuera, te lleva a fijar estilos de vinos clave. También vas formando un vocabulario y estilo propio.

Lo lindo del estudio es que siempre se construye sobre lo anterior. Y eso te permite siempre buscar cosas nuevas.

El día antes de concursar estaba muy feliz de poder estar ahí compitiendo junto a los mejores sommeliers de América, aunque también nerviosa y ansiosa. Traté de disfrutar cada momento y absorber cada experiencia.

Cuando terminaron las pruebas de los cuartos de finales, salí con la sensación de que este concurso no había sido tan distinto de lo que habían sido los concursos nacionales en los que había participado anteriormente. Independientemente de los resultados, me quedé pensando entonces que el nivel que había en Argentina estaba muy a la altura de los demás países y creo que eso pudo verse en la final.

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