El entrenamiento de un Master of Wine

Matías Chiesa, el segundo sommelier argentino que se prepara para obtener el título de Master of Wine, habla de cómo vive esta experiencia.


¿Cómo se toma la decisión de comenzar con el programa Master of Wine?

El camino hacia el título Master of Wine (MW) es largo, trabajoso y requiere mucho esfuerzo, inversión y tiempo. Pero desde que decidí tener un "approach" más internacional en lo que hago tuve en claro qué es lo que quería para avanzar hacia mi profesionalización. Obviamente fueron altos y bajos, idas y vueltas. Es algo que se debe consensuar con la familia, quien sin mayor problema, me apoyó desde el primer momento. El contacto con el mundo del vino amplió mis horizontes y me permitió desempeñarme en distintos aspectos generando una red de contactos en el mundo con variados perfiles, pero todos vinculados al vino.

El programa implica conocer muchos lugares del mundo: ¿cuál de ellos dejó algún tipo de huella en vos como profesional?

Como parte del proceso, debemos aprender en profundidad acerca de casi todas las regiones productoras del mundo y entender el porqué de los vinos que se realizan allí. Es por eso que he tenido la oportunidad de viajar y conocer regiones increíbles. Pero los viajes comenzaron inclusive antes del programa, como una preparación previa, o por curiosidad propia. He recorrido regiones en Alemania, Francia, España, Portugal, Italia, Austria, Hungría, Estados Unidos, Chile, México, y próximamente Australia y Nueva Zelanda. Alemania marcó un antes y un después en mi carrera, ya que luego de varios viajes allí, comencé una empresa importadora especializada en sus vinos. 

¿Cómo describirías tu rutina de estudio, tu preparación?

Para prepararme  realmente tengo que dedicar mucho tiempo, cosa que no siempre es fácil. Es muy importante tratar de ser ordenado y disciplinado. Entrenarme tanto en teoría como en práctica todo lo que pueda. De eso se trata este programa, de entender una lógica en los vinos y en los procesos y factores que determinan el estilo, la calidad y el precio de los mismos.

Trato de dedicarle al menos 10 horas semanales a lecturas de todo tipo. Este mundo es tan dinámico que las nuevas tendencias no te permiten que leas solo libros, porque la información queda desactualizada muchas veces entre ediciones. Además trato de hacer prácticas teóricas, escribiendo trabajos y ensayos de diversos temas por lo menos tres veces a la semana. También destino unas seis a ocho horas de catas. Tengo  la gran ventaja de compartir parte de estas horas con Martin Bruno, actual campeón Argentino, y ese intercambio que se genera es más que enriquecedor. Siempre es importante contar con personas que nos acompañen en estos entrenamientos, como Flavia Rizzuto o Marina Gayan, la única MW Argentina, quien me ha ayudado en especial con algunos tips de práctica.

Desde tu experiencia, ¿cuáles son los factores poco favorables que has tenido que afrontar durante esta etapa de preparación?

Conseguir vinos importados en el mercado local para abastecer nuestras degustaciones es algo difícil. Y lo que se consigue muchas veces está a precios bastante difíciles de afrontar. Algunas bodegas involucradas en la importación de vinos nos han dado una mano, pero el nivel de profundidad sobre los vinos debe ser tan grande que muchas veces no alcanza. Trato de llenar mis valijas con vino cada vez que viajo. Las botellas y los libros tienen prioridad. Por otro lado no hay nadie en la Argentina en el programa con quien compartir sesiones de estudio, gastos de vinos, etc., y eso es algo que ayuda mucho al presupuesto y que resume las horas de estudio. En líneas generales el presupuesto y estar solo haciendo esto aquí son las principales dificultades.

¿Qué le dirías a tus colegas sommeliers sobre ser un Master of Wine para que se animen a vivir esta experiencia?

El programa es muy nutritivo inclusive aunque no termines con el título. Lo que se aprende, la red de contactos que generás, te nutre como profesional y te lleva a otro nivel. Es algo que le recomiendo a cualquiera que tenga la curiosidad de emprender un camino “académico” de alto nivel dentro del mundo del vino. Pero eso sí, se lo recomendaría a gente que esté decidida a esforzarse, a invertir muchas horas de su vida en esto. Hacerlo a medias sería inútil y muy probablemente no verían los resultados.

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