Editorial

Por Matías Prezioso

El concurso Mejor Sommelier de Argentina es sin dudas el punto más alto de la sommellerie en nuestro país. Es el momento en que gran parte del mundo del vino está pendiente de lo que ocurre con los sommeliers. Una competencia que más bien es un proceso. Porque todos estudian, actualizan la información, degustan cientos de vinos y bebidas, practican situaciones diversas del servicio en la mesa de un restaurante.

Teniendo en cuenta todos los beneficios de participar, a veces me resulta extraño la poca cantidad de concursantes que se inscriben. Ha crecido a lo largo de las ediciones, pero aún sigue siendo baja si se tiene en cuenta la posibilidad de crecimiento profesional que trae consigo. Los argumentos son diversos y uno de ellos es que no todos los sommeliers quieren orientar su carrera para ese lado. Aunque también existen muchas personas que no participan por temor, o por creer que no tienen chances de alzarse con el título. Es cierto, al final de la competencia hay un o una Mejor Sommelier de Argentina. Pero los concursos son mucho más que eso. Son la posibilidad de compartir tiempo y experiencias con colegas, de cruzarse y apoyarse en miradas, en momentos de alegría y de tristeza. 

Por eso, desde la Asociación queremos que ese esfuerzo no termine el día después de coronar al ganador o ganadora de ese año. Además del ganador o ganadora, hay un grupo que hizo el mismo esfuerzo y mostró todo su conocimiento y entusiasmo. Están los finalistas y el “Top Ten” que en la última edición rendimos tributo, con aplausos y premios. 

Pero hay más… casos como el de Valeria Gamper, quien obtuvo el segundo puesto en el concurso Mejor Sommelier de Argentina 2017. Gracias a eso, ella pudo acceder a representar al país – junto con el ganador Martín Bruno – en el concurso ASI & APAS Mejor Sommelier de las Américas Canadá 2018, alcanzando un histórico cuarto puesto y quedando a pasos de la final. Pocos meses después, se organizó un viaje a China para dar a conocer los vinos y regiones vitivinícolas principales de ese país. Fue Valeria – ante la falta de disponibilidad de Bruno para viajar – quien ocupó naturalmente ese puesto, por ser la segunda en el último concurso nacional realizado. Una oportunidad única para conocer una cultura tan apasionante, visitar la flamante zona vitivinícola de Ningxia, y representar una vez a la sommellerie argentina, con todo el honor que eso conlleva. 

Ésta es una muestra más de los hermosos caminos a los que puede llevar la participación en un concurso de sommeliers. Senderos que pueden iluminarse sin que uno siquiera los pueda haber anticipado. Por eso vale la pena concursar, al menos alguna vez en la vida, sin importar el resultado sino con la convicción que se saldrá de esa experiencia siendo mejor profesional y persona.


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