Entrevista a Belén Soler y Bernardo Bossi

Es Licenciada en comunicación social y sommelier, carrera esta última que estudió en Génova, Italia. Hoy está a cargo del área de marketing de la bodega, la parte que más le apasiona. Incansable estudiante, madre de tres hijos y apasionada por los viajes, Belén presenta la historia de Vinos de Potrero.

¿Belén, cómo empezó tu relación con el mundo del vino?

La pasión por el vino fue lo que me impulsó a estudiar la carrera de sommelier y comenzar a relacionarme con los vinos. Antes de comenzar este proyecto,  desde que empezamos a vivir en Europa, estuvimos interesados por el mundo de la comida y del vino y recorrimos cantinas con mi marido en sus ratos libres en Piamonte, Abruzo, cerca de Roma, Toscana. Y la verdad es que poco a poco nos fuimos enamorando de este mundo, de la tradición italiana y de esa transmisión a lo largo de las generaciones.

Ellos tienen pequeñas hectáreas y las tratan como si fueran gigantes, con una gran dedicación  y cuando te encontrás con el dueño  en una bodega que exporta a todo el mundo y es conocido globalmente, se pone a charlar con vos y te explica su vino y se toma su tiempo y la verdad que todo esto me fue enamorando y por eso decidí en Liguria (Génova) hacer la carrera de sommelier porque me iba a dar mucho más conocimiento sobre este mundo.

¿Qué los inspiró a vos y a Nicolás Burdisso para darle el nombre a la bodega?

Vinos de Potrero nació de una analogía entre el potrero y el terroir. Cuando se describe Gualtallary, se lo describe de esa manera. Un lugar de noches bastante crudas y días en verano bastantes calurosos y terrenos poco fértiles, secos. Un poco lo que es la vida del jugador de fútbol y del potrero, ese potrero que todo jugador de fútbol debe tener para poder llegar alto y lejos, sobre todo para forjar ciertas cosas que te van a servir para el día que estés en otro nivel. Por eso, vimos que el potrero es como el terroir de Mendoza y de Gualtallary en particular. 

¿Qué se esconde detrás de la marca?

Detrás de la marca hay muchísimo trabajo, pasión, entusiasmo y ganas de aprender. Es un proyecto que iniciamos por puro amor al vino, a nuestra tierra y tiene un gran trabajo de gente profesional que nos ha ayudado a comenzar este camino y vamos de la mano con ellos. Los chicos de Wine Idea en Buenos Aires, Stella Dottavio en la parte de prensa, nuestro enólogo Bernardo Bossi Bonilla en Mendoza  en quien ciegamente confiamos a nivel personal y profesional.

Tenemos un equipo muy lindo y junto a mi marido llevamos adelante el proyecto. Cada uno se apasiona por el emprendimiento en sí y eso es muy importante ya que detrás de cada etiqueta hay amor y trabajo. Es un sueño hecho realidad y hoy lo estamos disfrutando.

¿Cómo está constituido el equipo de Vinos de Potrero hoy en día? 

Mi marido y yo somos los propietarios, pero yo soy la manager de la bodega, quien la lleva adelante día a día. Las grandes decisiones las tomamos siempre todos en equipo, con Wine Idea e involucrando a cada una de las áreas correspondientes, desde la enología, la agronomía, hasta la prensa, diseñador o fotógrafo. Trabajamos todos en equipo y todos opinamos.

Majo, mi hermana, es mi mano derecha y mis ojos en Argentina. Así está constituida la bodega, por gente profesional y con ganas de aprender y comprometida con el proyecto.

Como dueña de una bodega, ¿qué le dirías hoy al sommelier profesional desde el punto de vista del trabajo conjunto en pro de hacer una buena comunicación del vino argentino?

El vino argentino hoy es una realidad. Tenemos una tierra y una uva espectacular y hay que aprovecharla al máximo y darla a conocer al mundo.  Para eso hay que trabajar en conjunto para ello.

Creo que el trabajo del sommelier es llevar la propuesta al mundo, hablar bien del vino argentino con fundamentos. Hoy en día, en algunos países de Europa como Italia, el vino argentino se está empezando a instalar progresivamente, porque es un trabajo más de largo plazo debido a la producción importante local que existe. Pero en países como Estados Unidos o Inglaterra, donde nuestros vinos están presentes y tuve la oportunidad de interactuar con el trade, el conocimiento sobre productores, regiones y variedades de Argentina es mucho más avanzado.

Cuando yo hice la carrera de sommelier en Génova, recién se empezaba a hablar de vino argentino, estaba más instaurado el vino chileno. Pero ahora el vino argentino ya se escucha como sinónimo de calidad y el Malbec ya es palabra corriente. Además, un elemento importante es que la gastronomía argentina tiene un gran impacto en Europa y en Estados Unidos. Por ejemplo, los restaurantes argentinos en Italia son de alto nivel; entonces los vinos que buscan tienen que ser vinos de alto nivel y por supuesto la gente que va a comer a una bisteca argentina quiere tomar un malbec argentino.

Así que creo que hay que trabajar en conjunto y el sommelier tiene que salir a mostrar la belleza que tenemos y que producimos en nuestro país, en nuestra tierra.

Bernardo Bossi Bonilla, sos el enólogo de Vinos de Potrero y licenciado en Enología e Industria Frutihortícola, Bromatólogo y Sommelier. Con tus más de 15 años de experiencia en la industria del vino, qué te gustaría decirle al sommelier?

Hoy existen roles determinados e indispensables. El vino necesita del profesionalismo del sommelier en todos los aspectos.  Un buen servicio, una comunicación precisa y adecuada son condiciones para reposiciones de la botella de vino en cada mesa. En pocas palabras, la figura del sommelier es inmensamente indispensable para el desarrollo de la actividad vitivinícola. Deben tomar conciencia de la importancia de su figura.

¿Bernardo, cuáles son los últimos lanzamientos de la bodega y qué podrías remarcar de ellos?     

En sí Vinos de Potrero es un proyecto que está naciendo. Son vinos que se están posicionando en las góndolas y cartas de restaurantes. Hoy es la segunda cosecha de cada etiqueta que sale al mercado. En el caso del Chardonnay de Potrero es novedad, presentándose con la cosecha 2017, que es un éxito rotundo y ya prácticamente nos hemos quedado sin stock por lo bien que ha pegado el estilo en países como Estados Unidos, que importan vinos de las mejores regiones productoras de Chardonnay y sin embargo nuestro blanco de Gualtallary los ha sorprendido.

Para nosotros hablar del Potrero es hablar del terroir. El concepto es justamente interpretar en cada botella al Potrero Gualtallary, contar en cada copa el potencial de nuestros viñedos

¿Cuál es para ustedes el vino más querido, la estrella de la bodega?

El vino más querido de la bodega es “El Debut” – dice Belén - nuestro primer vino, que en realidad fue producido para nuestra familia, lo hicimos con mucho amor y mucho cariño y de ahí nace el proyecto. Este vino es un 2014 del cual hicimos apenas 2.000 botellas y fue el que dio el puntapié inicial para que nosotros comencemos seriamente a formar un proyecto.

Otro de los preferidos es el “Reserva de Potrero”, cuya cosecha 2016 fue un boom siendo destacada en muchos medios locales e internacionales, y hasta siendo partícipe del seminario de Gualtallary que se llevó adelante en Febrero con la histórica visita de más de 40 Masters of Wine a Argentina. 

Coincido con Belén – dice Bernardo – en que el Reserva de Potrero (100% Malbec) fue siempre el vino más aplaudido por el consumidor. La 2016, con las particulares que tuvo esa cosecha, resultó en un vino tenso, de un carácter mineral increíble. Y la 2017 muestra un perfil mucho más frutal, con una explosión de ciruelas pero al mismo tiempo sin perder esa textura tan única de Gualtallary. Estoy seguro que el tiempo va a posibilitar al resto de los vinos su lugar de estrella en el escenario. Gualtallary es esto, es una mezcla de elegancia con lo salvaje, es intensidad.


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