Dos visiones sobre el Syrah


La uva Syrah, que celebró su Día Mundial el 16 de febrero, registró en el año 2023 un total de 10.777 hectáreas cultivadas en Argentina, lo cual representa el 5,3% del total de vid del país.

La provincia de Mendoza tiene la mayor cantidad de Syrah del país, alcanzando en 2023 las 7.905 hectáreas (representando así el 73,3%). Le sigue San Juan con 2.013 ha (18,7%) y el resto de las provincias con 860 ha (8%).

En el período 2014-2023, la cantidad de hectáreas de Syrah en Argentina ha disminuido un 17,3%: En Mendoza disminuyó un 12,3%, en San Juan un 32,3% y en el resto del país un 17,7%. 

Sin embargo, varias bodegas continúan apostando al varietal aprovechando terruños particulares que le brindan características de gran interés y complejidad a esta cepa. Aquí, dos productores vitivinícolas nos cuentan sobre sus maneras de trabajar el Syrah.


Valle de Tulum: fruta y frescura (Gustavo Daroni, Bodegas Callia)

“Bodegas Callia apuesta al Syrah desde los comienzos ya que por su fisiología, la planta tiene la capacidad de adaptarse muy bien al clima cálido del Valle de Tulum en San Juan.

Con más de 300 días soleados al año, estas condiciones le otorgan a nuestros vinos una composición fenólica muy suave y equilibrada, que nos permite producir vinos jóvenes que preservan toda la fruta y la frescura.

Los agrónomos de la bodega hacen un seguimiento exhaustivo de los viñedos durante todo el año para lograr plantas sanas y bien equilibradas que logren expresar todo su potencial.  El trabajo conjunto entre el equipo enológico y los agrónomos, determina el momento exacto de cosecha. Posteriormente, se procede a fermentar las variedades por separado con el fin de generar componentes con estilos diversos que luego se fusionarán para crear un blend. 

En un Syrah, el consumidor argentino busca un vino moderno, que exprese de la mejor manera las características del varietal, y sea fácil de beber. Busca vinos más frutados, con colores más rojos, y taninos suaves y amables”. 


Altamira y El Cepillo: acidez y fuerza (Fernando Spigatín, Grazie Mille)

“Siempre me llamó la atención lo versátil que era el Syrah. Luego de un viaje técnico por Australia, volví entusiasmado con los vinos que había probado. Y, basados en esa experiencias de Syrah provenientes de zonas frías y con suelos más esqueléticos, decidimos ir en busca de un vino de esta variedad para nuestra gama Libertad y también incorporarlo en algunos de los blend

Altamira y El Cepillo, zonas más frías y de suelos pedregosos, otorgan la acidez y la fuerza salvaje que nos gusta denotar en nuestros Syrah. Además, los vinos tienden a los tonos más oscuros y eso nos resulta muy atractivos.

En la bodega, trabajamos la cepa con una maceración  prefermentativa en frío. Luego se interviene realizando remontajes, pero no tenemos demasiada intervención durante la fermentación alcohólica para obtener los procesos extractivos de aromas, sabor y color de la manera más natural posible. 

Terminada esta etapa, se descuba. El vino gota va a barrica y la primera prensa queda alojada en tanque de acero inoxidable. Con esto buscamos resaltar el origen y personalidad salvaje del Syrah de El Cepillo, con un estilo de vino de desierto, cuidando su final elegante.

Creemos que a nuestros consumidores les atrae la novedad y la curiosidad de encontrar alternativas a los vinos Syrah históricos, destacando nuevos descubrimientos en sus percepciones de esta variedad que no ha sido tan difundida y conocida”.

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