Gravascal


Con motivo del lanzamiento de Finca Piedra Infinita Gravascal 2018, que obtuvo 100 puntos Parker, conversamos con Sebastián Zuccardi, un productor imprescindible en el mapa del vino argentino.

¿Qué significan para vos estos 100 puntos para el Finca Piedra Infinita Gravascal 2018?

SZ: Antes que nada es un reconocimiento al lugar donde cultivamos. Cuando alguien, como Luis Gutiérrez para un medio como Robert Parker, pone este nivel de calificaciones, lo que hace es visibilizar el potencial que tiene el lugar donde cultivamos. Por lo tanto, siento que primero es un reconocimiento al lugar. Luego un reconocimiento al trabajo que se viene haciendo a través del tiempo. Nuestra vitivinicultura es el resultado de generaciones de viticultores y en nuestro caso en particular, del trabajo de tres generaciones en la misma dirección, con valores y mucho sentido de lugar. Y por supuesto, es una alegría ya que es un reconocimiento al trabajo que venimos haciendo como equipo, en donde la búsqueda de identidad y unicidad nos lleva a un trabajo de aprendizaje y precisión. Pero no significa llegar a ningún lado, sino que nos genera más compromiso con el camino que estamos haciendo.

Es la segunda vez que un vino tuyo obtiene 100 puntos – el otro fue el Finca Piedra Infinita 2016 – y ambos provienen de Paraje Altamira. ¿Qué tiene de particular esta zona?

SZ: Es un lugar muy singular, con una identidad clara. Hacemos vinos de montaña, y la Cordillera de los Andes tiene una influencia muy fuerte en Paraje Altamira. Estamos a 1100 msnm, pero muy cerca de la cordillera, y por su ubicación con respecto al cono aluvional del río Tunuyán, generó suelos muy diversos, pero con un alto contenido de rocas, de gran tamaño. Son suelos muy pedregosos, los cuales son mayormente de granito cubiertos por una capa de calcáreo, lo que los hace únicos y aportan al vino mucha textura. Uno de los factores más importantes es la diversidad y variabilidad de suelos en muy corta distancia; lo que nos llevó a hacer un trabajo de profundo conocimiento y separación a partir del tipo de suelo. Por eso Piedra Infinita es una Finca de 37 hectáreas pero son 45 parcelas. Buscamos que nuestros vinos hablen con transparencia y precisión.

¿Cómo fue que decidiste hacer este vino?

SZ: Esta diversidad de suelos nos llevó a hacer un trabajo de división por parcelas y esto nos cambió la forma de mirar, de caminar y de interpretar el viñedo. No era más una finca, no eran más cuarteles, sino que teníamos parcelas. La bodega que construimos fue inspirada en este trabajo, ya que necesitábamos volúmenes pequeños y diversos para poder dividir las parcelas. Gravascal en particular es una parcela de 0,73 has, que se encuentra en el sur-este de la Finca. Es una parcela que tiene suelos de arena y limo, y la matriz de piedras aparece a los 40/50 cm de profundidad. Esta matriz es de un 90% de piedra, y estas piedras son de granito, recubierto con carbonato de calcio. Me gusta pensar que nosotros no hicimos nada, solo observar, dividir y estar atentos; y fue la parcela quien nos mostró que debíamos embotellarla individualmente. Hacer un vino de parcela es la búsqueda de la singularidad, de la unicidad, de la identidad. No tiene que ver con la perfección sino con la precisión y la transparencia. Nos gusta hablar de LUGAR DICHO, porque estas parcelas no tienen límites visibles a simple vista, pero quienes vivimos en el lugar, trabajamos y caminamos ese viñedo, sabemos exactamente donde están. No solo hacemos Gravascal sino también Supercal. Por eso Piedra Infinita es el corte de 6 a 8 parcelas de la finca, buscando el equilibrio y el balance; mientras que Gravascal y Supercal son parcelas embotelladas individualmente por su identidad.

Son vinos hechos con malbec. ¿Por qué elegís esta variedad?

SZ: Creo que la variedad es muy importante (aunque no queremos hablar de las variedades sino de lugares)  ya que es el vehículo para expresar el lugar. Y no es lo mismo hacerlo con cualquier variedad. El malbec en particular es el trabajo de generaciones y generaciones de viticultores que lo han ido replantando, seleccionando y mejorando. Cuando caminás el viñedo, probás la uva y hacés los vinos, te das cuenta de la adaptación que tiene el malbec a nuestros lugares. Pero uno de los puntos más importantes es la transparencia, la capacidad de permitir la expresión del lugar.




¿Qué nos podés contar de esta añada en particular?

SZ: 2018 fue una gran añada seca y fresca. Nos gustan las añadas frescas por que dan un ritmo de maduración más lento y cuando son secas nos dan la posibilidad de buscar el mejor momento de cosecha. Las añadas frescas en nuestro estilo conservan más equilibrio, fineza y textura.

¿Cuántas botellas se elaboran?

SZ: Hacemos sólo 1100 botellas. La cantidad está marcada por la extensión de la parcela. De estas botellas, la mitad se queda en la Argentina y el resto se vende en diferentes mercados del exterior.

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