Equilibrio y complejidad


Tras una experiencia trabajando en distintas bodegas y viñedos, y teniendo en claro que no quería pasar su vida encerrado en una oficina, Matías Prieto, actual enólogo de la bodega Lorenzo de Agrelo, fue atrapado por el mundo del vino y la enología. “Tuve la suerte de participar en todos los procesos que existen dentro de una bodega, y conocer diferentes proyectos, lo cual me dio una visión muy amplia. El poder conocer y asesorar a distintos grupos de trabajo es algo que me enriquece día a día y me permite aprender de manera receptiva siempre algo nuevo”, explica Matías.

Los viñedos se encuentran ubicados en Alto Agrelo, en el pleno Luján de Cuyo, una zona que a Matías le gusta describir como aquella “que combina la potencia propia de los vinos del Valle de Uco con la fineza del Agrelo más clásico, por así llamarlo”. Es que Alto Agrelo se ubica en una pendiente de la precordillera andina que viene subiendo de este a oeste, y más allá de eso sobre la formación de un cono aluvional dibujando una especie de “curvatura” sobre la pendiente que determina exposición con orientación sur-cenital-norte, donde se experimentan vientos permanentes y donde las parcelas más altas alcanzan los 1250 msnm. Las distintas exposiciones reflejan en los viñedos distintas características en la uva, que luego se transmiten en los vinos, como es el caso de Lorenzo Lo Sagrado (Orientación Sur), Lorenzo Lo Divino (Orientación Cenital) y Lorenzo Lo Bendito (Orientación Norte). Los vientos constantes son favorables para lograr una gran sanidad en la fruta mientras que el agua utilizada, rica en minerales, proviene principalmente de fuentes de deshielo.

Escuchar a Matías describir este paraje de Luján de Cuyo hace pensar en cómo logran aprovechar estas condiciones geográficas y climáticas, y entonces surge la pregunta obligada de ¿qué ventajas obtienen de este paisaje tan particularmente ubicado en la precordillera? “Esta disposición tan compleja de los viñedos nos permite jugar mucho con los diferentes cuarteles de menos de una hectárea”, explica Matías. “Nosotros simplemente aprovechamos los distintos marcos de plantación para obtener diferentes perfiles en los vinos, no usamos clones. Es por eso que, si tengo que definir los vinos de Lorenzo, siempre uso dos palabras: complejos y elegantes. No son vinos lineales, justamente porque encierran mucha complejidad, y parte de esa complejidad la aporta la zona y el pulmón de flora nativa que rodea los viñedos”.

Mientras avanza la charla con Matías, su descripción de los vinos transporta y casi casi hace sentir que se los está catando…una acidez que no molesta pero que sorprende por la fluidez, vinos que se manifiestan largos en boca, donde el roble francés nunca invade y solo se percibe como una leve pincelada que sirva para enmarcar el terroir. 

“¿Cómo trabajamos en las fincas?, mirá –dice Matías- yo soy un convencido de que el éxito del vino está en el viñedo y busco lograr que esos viñedos estén equilibrados dándole solo lo que necesitan. Yo soy cero raleo, cero stress hídrico, regamos con láminas profundas buscando gran exploración radicular, el punto de cosecha es fundamental y lo establezco probando…en fin, la palabra clave es “equilibrio” sin lugar a dudas y bajo ese concepto nos movemos”.

Hoy la bodega tiene plantado Malbec, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon y algo de Petit Verdot, el cual utilizan más que nada para cortes. Entre sus líneas de vinos se destaca Lorenzo, tres Malbec que provienen de viñedos en distintas orientaciones logrando justamente mostrar ese trabajo que se realiza en los viñedos donde se juega con la posición de los cuarteles para mostrar cómo una misma cepa plantada en viñedos muy cercanos pero con diferentes orientaciones puede manifestarse de otra manera.

Lo Divino, un Malbec proveniente de viñedos plantados con orientación cenital, Lo Bendito, un Malbec con orientación norte y Lo Sagrado, un Malbec con orientación sur. “Tres  facetas diferentes de sólida personalidad, que se complementan de forma orgánica y natural”. Pero eso no es todo, porque hace muy poco, y siguiendo la misma filosofía, sumaron Lo Sagrado Cabernet Franc, que proviene de viñedos ubicados a 1.058 msnm, el sector más frío de la finca debido a la presencia de vientos húmedos propios del emplazamiento en laderas con orientación sur. 

“Se trata de un vino que fue micro-fermentado en huevos de cemento con levaduras naturales y que presenta notas de frutas rojas, especiado, con una acidez que da frescura y una textura filosa – mineralidad. En nariz se destacan aromas a pimiento verde y alcanfor pero siempre de manera muy sutil, otorgando así la complejidad propia de los vinos de la bodega”.  

La charla va llegando a su fin, y queda sonando una reflexión de Matías que hace honor al espíritu y filosofía de esta bodega, en donde, con tono de reflexión y orgullo este joven enólogo recuerda que “trabajar para la bodega significó un desafío muy grande, y Marcelo (Tinelli) y Hernán (De Laurente) me han dado siempre la libertad de armar los distintos equipos de trabajo, formarlos y a la vez aprender. Acá nadie es más o menos que el otro, todos somos engranajes necesarios y los resultados y los éxitos son siempre compartidos. Esta bodega surge de una relación de amistad, y a mí me gusta tratar de transmitir ese cariño contando bien de qué se trata todo esto”.

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