Hablemos de San Juan

Por Bodegas Callia                                                                                                                     

Tulum, Zonda y Pedernal, una mirada de San Juan a partir de la experiencia del enólogo de la bodega, Gustavo Daroni, quien además nos trae algunas novedades. 


Gustavo Daroni se sumó a Callia en 2003 y desde ese momento la bodega y su gente se ha convertido en una parte importante de su vida, una segunda casa y una segunda familia integrada por grandes profesionales que le ponen el cuerpo y el alma a lo que hacen. “Cada premio y cada logro lo vivimos como equipo y me siento muy orgulloso de cómo trabajamos en conjunto, codo a codo, los agrónomos y el equipo enológico, y, por supuesto, la gente que trabaja en cada rincón de Callia”, dice Gustavo.

“Cuando me sumé a la bodega quería algo para mí que fuera un desafío pero algo definitivo, venía haciendo diferentes experiencias por temporadas y quería algo con lo que ya me quedara. Y cuando me dijeron de sumarme, me la jugué y la verdad que fue una grata sorpresa porque cumplieron con todo lo que me habían contado en cuanto a lo que querían hacer con esa bodega chiquita que recién había comprado un holandés llamado Myndert Pon”, dice Gustavo recordando con humildad ese momento de su vida.

Y es que la bodega tuvo un crecimiento muy grande, un antes y un después muy marcado en todos los niveles, en la producción, en lo edilicio, en materia de inversiones y mejoras que en poco tiempo demostró en la zona quiénes eran. “De un día para el otro no paraban de llegar tanques y tanques y tampoco parábamos de llenarlos. Pasamos de un millón setecientos mil litros a tres millones de litros en pocos meses. Quedé impresionado. A fines del 2003, yo ya llevaba casi un año, empezamos a llamarnos Callia y vimos cómo el vino había gustado, se posicionaba y sobrepasaba las expectativas, y fue tanto lo que se creció, que en 2007 se decidió hacer una ampliación de la bodega sumando otros cuatro millones de litros a la producción”.

Gustavo es enólogo, ese “olor a bodega” que desde chico junto a su tío y su padre lo marcó para abrazar esta profesión más las anécdotas que le contaron de su abuelo, también un prestigios enólogo, lo hicieron seguir ese camino. Estudió en San Juan y allí se sigue quedando, trabajando, sacando lo más lindo de esa provincia. 

¿Dónde tiene Callia sus viñedos hoy?

GD: Hoy tenemos viñedos en dos fincas en el Valle de Tulum, una en Caucete rodeando la bodega y otra en 9 de Julio. Esta zona es ideal para vinos frutados, ligeros y fáciles de tomar, de concentración media, además, es una zona muy buena desde el punto de vista fitosanitario, se obtienen uvas de muy buena sanidad y son de las primeras uvas en ser cosechadas en la Argentina. Al tener tantos días soleados en San Juan y no más de 90 milímetros de lluvia anuales podemos decir que logramos una muy buena maduración con graduaciones alcohólicas altas. En esta zona estamos a una altura promedio entre los 550 a 650/700 msnm. De aquí salen nuestros vinos core, las líneas Callia, Esperado y Tardío.

Sin embargo para estas líneas también tomamos producción de terceros del valle del Zonda, que es una zona con suelos más pedregosos que Tulum y con un poco más de altitud, aquí estamos ya entre 800 y 900 msnm y con una amplitud térmica mayor.

La zona de mayor renombre en la provincia es Pedernal, que para mí es la perfección. Es extraordinario, único y super especial, porque lo tiene todo para elaborar vinos de gran calidad: ubicado 90km al suroeste de la capital San Juan y a 1.400 msnm, posee temperaturas promedio de 28° y mínimas de 8°/10° lo cual nos garantiza una amplitud térmica de unos 20° pero con máximas que no son elevadas y eso permite obtener vinos con gran intensidad de aromas y sabores y con una equilibrada acidez natural. Si a todo esto le sumamos los suelos calcáreos geológicos, se pueden obtener vinos de gran carácter, frescura y elegancia. Plantemos una u otra variedad, se obtendrá siempre interesantes expresiones, pero, si tengo que elegir creo que el Malbec es la que mejor se expresa en esta zona. 

Otra zona muy prometedora es el Valle de Calingasta, con altitudes que varían desde los 1300 a los 1600 msnm y con características muy particulares respecto al clima y suelo. 

Sin duda esta  zona merece ponerle mucha atención, por lo que hemos comenzado a explorarla con muchas expectativas. 

Siempre escuchamos de la apuesta a la innovación y modernización que ha hecho Callia. ¿Cuáles dirías que son los cambios más destacados en materia de innovación aplicados a la bodega o a los viñedos?

GD: Bueno, la verdad es que en el viñedo todo se basa en la sustentabilidad. Acá el equipo de agrónomos que tenemos está en todos los detalles, buscando siempre el respeto por el entorno y por la planta, para no forzarla, para que siempre esté en equilibrio, que se sienta cómoda y lograr así el mejor rendimiento. Así que en ese sentido nos basamos en los protocolos de sustentabilidad que venimos certificando. Y en la bodega tenemos desde hace unos cuatro o cinco años un sistema llamado Airmixing que nos permite controlar los remontajes y sus movimientos, la temperatura y la micro y macro oxigenación durante la fermentación…y todo esto lo controlamos desde el celular. Algo impresionante para los enólogos que vivimos el minuto a minuto en una época del año, donde no nos podemos descuidar ni un segundo de lo que está pasando en la bodega. Este sistema es fantástico.

 ¿Cuál es el mejor vino que has hecho, ese vino con el cual sentís que se cumplieron todas las expectativas que pusiste en él desde que controlabas las uvas en el viñedo?

GD: Lamentablemente no te lo voy a poder contestar, me hubiera gustado que esta charla la hubiésemos tenido en unos meses – dice sonriendo Gustavo. Es que estamos por salir con una nueva línea que será de Pedernal y realmente me siento muy orgulloso del trabajo que hemos hecho con el equipo, es, sin lugar a dudas, lo mejor que hemos hecho. Habrá que esperar un poco más para conocerlo entonces…

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