Fusión de culturas

Por Bodega Terra Camiare                                                                                                           

Un interesante recorrido por las zonas productoras de Córdoba, sus suelos y características, un paseo junto a Gabriel Campana, enólogo de la bodega.

“¡¡No sé hacer otra cosa…!!”, dice sonriendo Gabriel cuando le preguntamos cómo fueron sus inicios en el mundo del vino y porqué se dedicó a la enología. Y es entendible, porque él es la cuarta generación de viticultores quienes tenían una bodega y viñedos hasta 2007. Para Gabriel esto significó un cambio que le permitió trabajar y conocer otras regiones y proyectos, y fue así como conoció la ex Bodega Nanini, la cual compraría años más tarde, en 2015, la familia Mizzau refundándola como Bodega Terra Camiare. Gabriel estudió enología en Mendoza e hizo posgrados en Italia sobre viticultura, vinificaciones y genética varietal entre  el 2000 y el 2003, “una experiencia que me marcó mucho debido a que cuando llegué a Italia iba basado en una escuela más enfocada hacia vinos tintos focalizando generalmente malbecs-cabernets potentes, con mucha crianza en roble;  en cambio allá encontré un gran trabajo y desarrollo de años, fundamentalmente en grandes vinos blancos y tintos frescos, complejos y desnudos,  eso comenzó a revolucionar mi cabeza”, recuerda Gabriel.

“Cuando la Familia Mizzau me convocó para trabajar con ellos, se me planteó un gran desafío: necesitábamos cambiar el concepto de vinos que se venían manejando para transformarlos en verdaderos vinos de terroir. Fue algo muy especial para mí porque tuve la libertad y el espacio para llevar adelante este proyecto, sintiéndome muy cómodo como técnico, pudiendo plasmar muchas ideas que venía gestando”, explica Gabriel.

El nombre actual de la bodega representa un poco la fusión de culturas, por un lado ese “Terra” hace referencia a los Jesuitas pioneros en la producción de vino en Córdoba en el siglo XVII. Mientras que “Camiare” evoca a los aborígenes de la región, conocidos como Comechingones, pero en la zona se sabe que a estos indígenas se los llamaba “Camiares”, sonríe Gabriel. Con esta mención en el nombre de la bodega “se hace alusión a nuestra tierra, su gente, costumbres y riquezas”.

¿Cómo describirías los vinos de Terra Camiare?

GC: La primera cosecha fue en 2016, y se inauguró formalmente en marzo de 2018 lanzando sus primeras líneas de vinos.

Nos denominamos “Bodega integral” debido a que nuestra filosofía es hacer vinos 100% cordobeses, integrando uvas de diferentes microregiones de nuestra provincia y con vides de distintas antigüedades como plus. Tenemos fincas propias y también compramos uvas a productores amigos, es fundamental ya que cada una de ellas aporta una impronta personal; la riqueza que se puede lograr mezclando uvas  de distintos viñedos es algo único…creo que se expresa un vino diferente y muy representativo de la diversidad del paisaje de Córdoba y su gente.

¿Cómo es el mapa de las regiones productoras de Córdoba?

GC: En Córdoba hay actualmente casi 300 hectáreas en total, hay varios viñedos que no están registrados aún, ya que se plantaron hace muy poquito tiempo, con lo cual, si los consideramos llegaríamos a unas 310/320 hectáreas aproximadamente.

En Córdoba podemos hablar de cinco regiones como para hacer alguna subdivisión, tenemos  13 bodegas y todas hacen enoturismo.

Sierras Chicas-Piedemonte centro. En esta zona, que incluye a Colonia Caroya, es donde hay mayor cantidad de viñedos, unas 140 hectáreas cultivadas. En 1976 hubo una granizada muy grande que marcó un antes y un después en la cantidad de productores en la zona, la cual se redujo drásticamente.  El clima es templado serrano, donde se pueden encontrar altitudes de entre 500 y 550 msnm, con un régimen de lluvias entre los 600 y 800 milímetros por año. En esta zona predominan los suelos profundos, franco-arenosos, de gran permeabilidad, donde se pueden encontrar viñas de más de 80 años cultivadas sobre un antiguo sistema de conducción “caroya”, una especie de vaso modificado, con poda mixta, sobre dos alambres fijos que sorprende, ya que no se desarrolla en otra región de Argentina. Destaco esto porque es un sistema que se usa desde hace muchos años, ya que se comprobó una mayor exposición a la luz solar y mejor sanidad de fruta, fundamentalmente para variedades antiguas (Pinot Negro). Se destacan variedades como Chardonnay, Isabella y Pinot Negro.

Norte y Noroeste. En esta zona hay unas 51 hectáreas aproximadamente con alturas que van desde los 400 a los 850 msnm, donde se encuentra Quilino, un viñedo propio plantado en 2014 de suelos franco-arenosos de buena permeabilidad, un clima templado serrano, semiárido, donde hay pocas lluvias (entre 350 a 500 milímetros anuales) y que cuenta con una muy buena amplitud térmica. Aquí se destaca la variedad Cabernet Franc. En esta zona está Cruz del Eje también, que es menos semiárida que Quilino y donde podemos encontrar torrontés riojano y malbec. En esta zona la fecha de cosecha es  entre enero y febrero, a diferencia de Colonia Caroya, por ejemplo, donde la cosecha se hace en febrero y marzo. Se destacan el Cabernet Franc y el Semillón.

Valle de Calamuchita, que incluye el Valle propiamente dicho más  Paravachasca y Santamaría, donde se encuentran unas 45 hectáreas, aunque, seguramente con la última actualización estemos más cerca de las 55-60 hectáreas cultivadas. En este valle las alturas promedio están entre los 800 y los 1300 msnm, es decir que se reportan las mayores alturas de toda la provincia y esto implica una transición hacia la frescura, lógicamente. Clima serrano templado pero mucho más fresco. En esta zona se reportan entre 750 y 1000 milímetros anuales, con lo cual estamos hablando de una zona  más húmeda. Aquí se encuentran suelos de menor profundidad, diversos y pobres, muchos minerales (mica-cuarzo-granito). En la parte más serrana la piedra está a unos 50/60 cm de profundidad. El riego se hace por goteo y la cosecha se hace entre marzo y abril, se realizan trabajos culturales en viñedo para evitar posibles heladas. Es una zona en donde hay  viñedos nuevos y  algunos de más de 20 años también. Se destaca el Pinot Noir y el Sauvignon Blanc.

Traslasierra, que incluye San Alberto y San Javier cuenta con un total de 38 hectáreas cultivadas según el último reporte, así que con la próxima actualización seguramente lleguemos a unas 43 hectáreas aproximadamente. Se mantiene el clima serrano templado un poco más semiárido que Calamuchita, presentando suelos pobres y pedregosos ricos en minerales con un registro de lluvias que oscila entre los 600 y los 700 milímetros anuales. En Traslasierra encontramos también viñedos de unos 25 años de antigüedad y algunos un poquito más viejos también, y otros plantados hace muy poco tiempo. Se destaca el Malbec y el Syrah.

Valle de Punilla, que tiene muy poca producción por el momento, con apenas 8 hectáreas de viñedos muy jóvenes de entre 3 y 4 años. Esta es una zona muy nueva donde encontramos suelos poco profundos, diversos y pedregosos;  es una zona de clima fresco, donde se focalizan trabajos culturales en viñedo para evitar posibles heladas.

¿Cuál dirías que es la característica principal de estos vinos que al tomarlos nos hace decir “esto es Córdoba”?

GC: Nos encontramos en una actualidad en crecimiento, de mucha investigación e interpretación, aún  falta un poco de tiempo para que los viñedos (fundamentalmente los más nuevos) y nuestra vitivinicultura expresen al ciento por ciento una característica singular de los vinos cordobeses.  Sí podría animarme a decir que ya hay algunos descriptores que pueden ser diferentes e  identificárselos como “cordobeses”, como por ejemplo las notas herbales y especiadas y esa acidez poco punzante, esa acidez que aporta más bien frescura y fluidez. Sumadas al aporte de la flora que rodea al viñedo que luego se percibe en los vinos. Yo creo que estas son algunas primeras pinceladas que parecen ir caracterizando a los vinos de Córdoba.

¿Cómo ves el crecimiento y la relevancia que ha tomado la sommellerie en la industria?

GC: Me encanta y felicito el crecimiento de estos últimos años, considero que es fundamental y necesaria la comunicación real, sincera y clara que tienen y manejan hoy los sommeliers. Igualmente pienso que falta camino por recorrer, falta un poco de unión aún entre la bodega y el sommelier, nosotros desde la bodega debemos mejorar la comunicación para que lo que se hace o diseña le llegue al sommelier y podamos darle cada vez más espacio y más herramientas para que comuniquen cada vez mejor. Opino que los técnicos estamos mucho tiempo en el viñedo y en la bodega y tal vez no comunicamos con un lenguaje claro lo que desarrollamos, por lo cual apoyo y considero fundamental el trabajo de los sommeliers, ya que están preparados justamente para tal fin.

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