Entrevista a Gustavo Rearte


Un proyecto que nace en 1998 y que se enfoca desde siempre en el respeto por la naturaleza. Lograr la mínima intervención entre la tierra y la copa es uno de los pilares fundamentales de esta bodega que cuenta con tres fincas y viñedos de más de 100 años. Gustavo Rearte es su enólogo y es quien lleva adelante esa constante búsqueda por interpretar el mensaje más puro  de la tierra y lograr la expresión más sublime cada parcela.

Gustavo, ¿por qué te convertiste en enólogo? 

GR: Principalmente por una necesidad de conectarme con la tierra, con el producto que nace de ella, por lo que podemos desarrollar de estos productos.

Siento que la conexión con el aire puro y la libertad del campo me otorgó un espacio en el que el tiempo se traduce en sensación de libertad cuando estamos haciendo lo que amamos.

Me convertí en enólogo por una casualidad, mejor dicho, por una causalidad. Estaba estudiando medicina y me di cuenta de que esa pasión que soñaba desde chico no se reflejaba en mi día a día. 

En ese momento, tenía la necesidad de pasar tiempo en espacios al aire libre y me encontré en un viñedo reflexionando en el complejo ciclo desde la uva hasta al vino. Uva que siempre estuvo en la mesa de mi familia.

Agradecido por mis conocimientos de química y física, entendí que esta profesión tiene demasiado de eso sumado a un perfil sensitivo/sensorial que fui desarrollando con los años y que continúo desarrollando!

¿Cuáles son las medidas que se adoptan en el viñedo y en la bodega para lograr una mínima intervención? 

GR: Desde nuestra ideología primara y el cuidado por los viñedos antiguos que realizamos en Achaval-Ferrer, entendemos que nuestro trabajo no es sobre la viña sino que consiste más bien en acompañar a la misma en su crecimiento y desarrollo.

Entendemos que solo el suelo y el clima serán los amos y señores de lo que pasará en nuestras viñas y que nosotros, desde nuestro lugar, debemos ser respetuosos de lo que nos propone la naturaleza. 

El cuidado de los recursos como el agua, la fertilización orgánica y las labores operativas, son nuestras premisas para poder satisfacer las necesidades de la viña.

¿Qué significa Quimera para vos? ¿Cómo es hacerlo y cómo es esta edición Granito 2015? ¿Cómo fue que se les ocurrió hacerla?

GR: Quimera es nuestro parque de diversiones. 

Sin dudas, el vino que más nos divierte y nos desafía año tras año. Simplemente con vernos internados dos o tres días probando distintos lotes, distintos varietales, distintos porcentajes, diferentes perfiles de suelos dentro de dichos varietales, disfrutamos de la creación de un vino que nunca es igual al anterior.

Un vino que nos obliga a pensar no solo en el momento de la degustación, como el mejor o el que más nos gusta, sino también sobre su futuro, en su desarrollo para comprender de qué manera la complejidad del paso del tiempo afectará el blend elegido. 

En el caso de Quimera Granito 2015, sentíamos que debíamos potenciar con el balance propio de Quimera 2015 y otorgarle el mejor exponente de ese año, que fue el Finca Altamira 2015.

De esta manera, aumentamos el porcentaje de ese Malbec base de Quimera 2015 únicamente con Altamira para otorgarle al blend todo su perfil de vino de altura y suelos complejos.

Otra de las novedades de la bodega este año fue Achaval-Ferrer Fincas Cosecha 2016, ¿por qué esta dedicación para esta cosecha 2016? ¿Podrías contarnos por qué han trabajado con estos vinos y cómo son?

GR:  2016 fue un punto de inflexión y de comprensión muy importante para el equipo enológico de Achaval-Ferrer. Una añada especial que quedará marcada dentro de nosotros.

Se trató del primer año del equipo hoy ensamblado, de un año húmedo y frío, pero sobre todo con perfiles de vinos que en una primera instancia no entendíamos.

Luego del paso de los días y de las fermentaciones, empezamos a comprender qué estaba pasando y entendimos qué fuerte y contundente es el terroir para la producción de nuestras uvas. Entendimos hasta qué punto diferentes aspectos del terroir marcan la viña y nos otorgan un producto tan sensible y respetuoso de lo que ocurre a su alrededor.

El frio y la humedad nos mostraron un perfil más oscuro y profundo de nuestros tres viñedos emblemáticos. Un aspecto que no teníamos en nuestros registros históricos, pero que nos hizo reflexionar acerca de la nobleza de lo que hacemos, de la sensibilidad de estos tres viñedos añosos y del inmenso aprendizaje que tenemos por delante.

¿Cuál dirías que es tu constante búsqueda en los vinos de la bodega? ¿Cuál es el camino que estás haciendo y que querés transitar en cuanto a la elaboración de vinos o cuál es el ideal al que querés llegar?

GR: Nuestro camino es el respeto máximo por la tierra y el entendimiento del clima. Las plantas dentro de nuestros distintos terruños nos desafían año tras año para ir mejorando su crecimiento y poder ampliar su sabiduría. De esa manera y con el paso del tiempo, vamos entendiendo cómo potenciar nuestras fincas y poder obtener de ellas todo su ADN, todo su espíritu, para que luego de la vendimia podamos conservar intacta su esencia.

¿Cuál es tu cepa preferida y por qué?

GR: Tengo mucha pasión por el Malbec, pero el Merlot me saca el sueño. Creo que dentro de ambas variedades tenemos mucho para crecer y seguir aprendiendo.

¿Qué es lo que más te gusta de trabajar como enólogo en Achaval-Ferrer?

GR: Hay tes grande cosas que valoro muchísimo de ser el enólogo de Achaval-Ferrer, por un lado: es tener la posibilidad de continuar el gran legado que nos dejaron Santiago Achaval y Roberto Cipresso, de quienes aprendimos que la sensibilidad para producir vinos, eso es lo más importante.

En segundo lugar, me encanta tener la posibilidad de trabajar cotidianamente con un gran equipo de profesionales y excelentes personas que comparten conmigo la pasión por lo que hacemos.

Y por último, tiene que ver con el “desafío constante y la satisfacción” que se siente al elaborar vinos super premium elegidos por consumidores en todo el mundo. 

Social Links