Supervivencia en el territorio

Para Juanfa no está muy claro exactamante por qué Leopoldo Suárez eligió comprar estas tierras hace cien años. “Sí tenemos algunas pistas en el Manual Ampelográfico (1911)  que escribió luego de hacer dos viajes de estudio a Europa en el 1900. En el manual dice que el Semillón es la mejor uva blanca posible para Mendoza y habla del carácter de este vino sobre suelos calcáreos. Tenemos esta pista, que es la principal. Otra pista es la mención que hace sobre la baja acidez de los vinos en Mendoza en general y sabemos que a más altura hay más acidez.  Entre su interés por los suelos calcáreos y su impresión de la falta de acidez, podemos entender mejor por qué quiso venir hacia esta zona. Pero seguramente hubo algo de azar también en todo esto. Era muy inteligente, muy metodológico en sus análisis, y seguramente vio una oportunidad acá hace 100 años”, agrega Juanfa.

¿Cuál dirías que es la filosofía de Finca Suárez como proyecto?

JS: La filosofía la estamos construyendo porque el proyecto de vinos es bastante reciente. Mi bisabuelo era enólogo y tenía todos sus estudios y su manual, nunca desarrolló su emprendimiento personal. El libro es el resultado de un trabajo que hizo como director de la Escuela de Enología de Mendoza, en 1900 y luego en 1911 se publica el libro y en 1921 compra la finca. Mi abuelo era muy enófilo, pero más enfocado en la uva como producto primario. Mi papá empezó con la marca Finca Suárez en el 2000 más como hobbie que como un proyecto a largo plazo. Llevamos pocos años pensando en viticultura para terminar en botella. En 10 años sí pretendo tener una filosofía más clara, pero me falta tiempo de trabajo.

¿Cuál dirías que es el norte hacia el cual vas? ¿Qué es lo que estás buscando hacer?

JS: Me importa que los vinos que hagamos sean distintos. Los viajes fueron muy importantes para mí porque me abrieron la cabeza a la diversidad. Los vinos importantes son distintos, tienen algún sabor, aroma o algo que te sacan del lugar común. Creo que la única manera de lograrlo es a través de una viticultura que respete el medio ambiente y una enología de baja intervención. 

Cuando empecé a trabajar en la finca el modelo era vender uva a las bodegas. Hoy todavía vendemos la mayor parte de las uvas que producimos y con los precios que se pagan es imposible ser orgánico. A partir de  que empezamos a agregar valor con los vinos embotellados tenemos varias parcelas que las trabajamos como orgánicas y la idea es ir lenta y sustentablemente hacia un manejo orgánico integral. Tiene que ser paso a paso, ya que somos una empresa familiar sin inversores extranjeros o capital para arriesgar. Solo lo podemos lograr embotellando y vendiendo más de las uvas que producimos. 

¿Qué cosas estás implementando hoy que te permiten conocer mejor las tierras donde están las plantaciones? 

JS: Este año hicimos un trabajo muy importante con Guillermo Corona, fundamental en este camino de buscar vinos que sean distintos. Hicimos un estudio de suelos muy profundo que nos sirvió para delinear muchas parcelas distintas dentro de la finca.  Descubrimos entre varias cosas, un suelo muy particular: el caliche rosa. Es más común en algunas partes de Guatallary pero acá en Altamira, Guillermo hasta ahora lo vio solo en esta finca. Este caliche es una capa muy concentrada de calcáreo que aparece entre el primer horizonte y las piedras. Con ese descubrimiento, a partir de ahora voy a cosechar estas parcelas por separado. Es algo claramente distinto y si lo trabajo bien seguramente me va a dar algo que tal vez no sea perfecto pero si único. Tenemos Chardonnay, Malbec y Cabernet Sauvignon sobre este suelo.  Para mí este 2021 va a marcar un antes y un despúes de nuestros vinos. 

Estamos mejorando mucho la viticultura también, estamos logrando tener plantas más balanceadas, con el vigor y la carga justa.

El arte está muy vinculado a los vinos que hacés, ¿Por qué elegiste a distintos artistas para crear tus etiquetas? ¿Por qué es importante esta parte también para vos en el proceso de la elaboración del vino?

JS: Es la imagen, es el primer impacto que tiene en el consumidor, mucho antes que hablar de taninos. Las etiquetas de Finca Suárez son como los vinos. Puros y literales hablando del lugar. Lo mismo pasa con Rocamadre, también hablan del lugar pero de una maner más poética. Y también hay una relación con la técnica de las etiquetas, una cosa de one take (una sola toma): son los materiales como papel, madera o telas pintadas que se pasan por la prensa y eso es, lo que sale, sale. Lo mismo pasa con el vino: elegís punto de cosecha, elegís descubar y elegís en qué se cría y lo que queda es lo que queda.

¿Cuál de los vinos que hacés dirías que desde la copa grita “Altamira”?

JS: ¡Todos! Busco ser cada vez más “Altamira”. Altamira es heterogéneo y es amplio. Yo quiero ir un paso pas más, hablar de mis fincas que es algo más chico, adentro de Altamira. En el caso de Finca Las Piedras, es el caliche blanco y en Finca Perico es el caliche rosa. 

Mientras sigue avanzando la charla, Juanfa trae dos trozos de caliche y nos muestra la diferencia: “Esto es el caliche blanco, acá se ve una capa gruesa de calcáreo y hay como piedritas, se arma como una mayonesa entre piedras” – dice. “El caliche rosa es un calcáreo más puro, está mezclado con la parte franco-arenosa de la superficie, es como si fuera una roca madre, es una capa completa, más concentrado, yo creo que acá habrá vinos más concentrados, largos y con volumen también, vinos serios. 

Todo lo que hace Juanfa, como sus predecesores, es en definitiva algo tan primitivo como  la búsqueda de permanecer en el territorio. Cada uno en su generación hizo algo para seguir en Altamira, elegir el lugar, plantar, hacer vino son las acciones trascendentales que unen a varias generaciones en un mismo lugar.

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