Escalera al cielo

Todavía podía sentir el ir y venir en el cuerpo cuando me acosté. Habían sido dos días de curva y contra curva, pasando del asfalto a los caminos de tierra y viceversa. Por momentos la camioneta apuntaba hacia abajo, y por momentos solo se veía el cielo. El paisaje es impresionante aunque algo vertiginoso. Detener el motor y observar los viñedos tendidos sobre las ondulaciones del terreno, en costers o terrazas, en alturas que llegan hasta los 800 metros y pendientes muy pronunciadas, da una idea de cuán manual pueden ser los trabajos en la viña. 

Priorat es una pequeña región montañosa ubicada en la provincia de Tarragona. Actualmente cuenta con 2000 hectáreas cultivadas principalmente sobre suelos de Licorella, el nombre que toma la pizarra aquí, bajo el sol y clima mediterráneo. Si bien se elaboran blancos, rosados, dulces, y rancios, los tintos son los más representativos y producidos de la región.  De hecho, del total de plantaciones, 92% corresponden a cepas tintas, siendo Garnacha y Samsó (Cariñena) las más difundidas por diferencia.


La escalera hacia el cielo

Ricard Rofes, es oriundo de La Torre de Fontaubella, y enólogo de Cellers de Scala Dei, la bodega más antigua de la DOQ Priorat, la primera en embotellar sus vinos en la propiedad, y donde todo comenzó.

La narración cuenta que el rey Alfonso I el Casto envió a dos caballeros a recorrer para localizar un sitio idóneo, que tuviera paz y agua, para que la orden de los cartujos, procedentes de la Provenza, se instalase en Cataluña. Una vez llegados a los pies de la sierra de Montsant, se toparon con un pastor que les relató que en sus sueños veía unos ángeles que subían y bajaban del cielo por unas escaleras apoyadas en el tronco de un pino.

El rey lo tomó como una señal, y ofreció las tierras a la orden, quienes se establecieron en la zona en el siglo XII, y levantaron el altar del templo justo donde se encontraba el árbol de la leyenda. La historia dio nombre al monasterio, Escaladei o Scala Dei, que significa Escalera hacia Dios, y además forma para del símbolo de la bodega y de la DOQ Priorat.

Fueron los monjes quienes llevaron los conocimientos del cultivo de la vid y la elaboración del vino a la zona, y durante seis siglos expandieron su cultura.

En 1835 gracias a la Desamortización de Mendizábal las propiedades que habían pertenecido a los monjes fueron expropiadas y se pusieron a subastas. ¨Las tierras que hoy son de la bodega, primero las compra un militar, y al cabo de seis meses se las vende a las  cuatro familias que son los actuales dueños de la bodega. Eran familias de la burguesía catalana que vivían en Barcelona, y aunque no tenían nada que ver con el mundo de vino, tuvieron la feliz idea de continuar con el cultivo de esos viñedos. ¨ Relata Ricard.

Antes de la llegada de la filoxera, había muchos más viñedos que ahora, y muchos más habitantes. Luego, la comarca del priorato quedó muy empobrecida y la gente joven se fue a la ciudad. Tuvieron que pasar varios años hasta que volvió a verse en esplendor.

Ricard empezó haciendo vinos en 1997 en la Cooperativa Mas Roig, de la DO Montsant y estuvo ahí hasta el año 2005. ¨Cuando comencé es cuando el Priorat estaba escalando en fama con Álvaro Palacios, René Barbier, Daphne Glorian, Carles Pastrana, Josep Lluís Pérez. ¡Era el boom de la zona! ¡Cada día en el periódico, en la radio, en las revistas especializadas de vinos, estaban los nombres de esa gente! En ese momento yo tenía 21 o 22 años, y lo que quería era hacer vino de autor y ser famoso como ellos. Pero eso no sucedía¨. Se ríe: ¨porque no podía suceder; porque con 22 años no sabes nada de hacer vino todavía¨.

En el año 2007 apareció la oportunidad de ir a trabajar a Cellers de Scala Dei y no pudo decir que no: ¨ El poder ir a hacer vino donde todo había comenzado era un reto importantísimo. Era como ir a Roma para los Romanos¨.

Cuando llegó a la bodega tuvo un click.  ¨ vi que tenía en mis manos viñedos como Sant Antoni, Masdeu, Pregona, Artigots, que ya estaban plantados con Garnacha hace más de 350 años… Cuando me di cuenta que hace 350-400 años ya había unos señores que llevaban hábito y capucha, y que habían tenido siglos para determinar por qué cultivar ahí y no en otros sitios y que, además habían dejado escrito cuáles eran los mejores lugares para la garnacha, es cuando me di cuenta que el protagonista de la película no era el quién, sino el dónde. Mi forma de hacer vino cambió¨. 


De no me gusta la garnacha, a la religión Garnachista

¨No me gustaba la Garnacha porque yo venía de trabajar en la zona de Masroig, la zona de menos altura y más cálida de la DO Montsant. Todos los vinos que había hecho hasta el momento estaban basados en Cariñena. Podían llevar un toque de Garnacha, pero si quería hacer un vino que tuviera un poco de chispa y tensión, la Garnacha no servía; era una zona demasiado cálida donde maduraba muy deprisa y la acidez caía enseguida. Terminabas con pieles sobre maduras, incluso quemadas, 16,5 – 17 % de alcohol potencial y acideces totales sobre 4¨.

Ricard llegó a la bodega un 1 de agosto y lo único que encontró fueron viñas y más viñas de Garnacha. Al cabo de un rato de visitar los sitios con uno de los dueños preguntó: ¨Oye, ¿dónde está la Cariñena? ¨.

- ¨Acá no hay Cariñena, nunca hubo. Estamos a demasiada altura y muy al norte para que pueda madurar¨. Respondió Peyra

¨ Ahora sí que estoy perdido! No me gusta la Garnacha y no tengo Cariñena; no sé qué voy a hacer aquí¨. Recuerda con gracia Ricard.

Sin embargo, sobre el 15 de septiembre comenzó la vendimia ¨La uva que llegaba no tenía nada que ver con lo que yo conocía. Tenían 13,5 – 14% de alcohol, explosión de fruta sabrosa, chispa y acideces altas...¨ Y su mirada cambió. 

Una de las primeras cosas que hizo ni bien llegó fue hacer una vertical desde el año 1974 hasta el 2005, la última cosecha embotellada hasta ese momento. Al darse cuenta que aquellos vinos elaborados antes de la revolución tecnológica de la enología (que suponía el uso de despalilladora, el control de temperatura, el uso de acero inoxidable, y la crianza en barrica bordelesa), eran los que mejor habían envejecido, deciden intentar recuperar la forma de elaborar. 

Hoy trabajan ancestralmente sin renunciar a la tecnología, respetando al máximo posible los orígenes de la uva, y permitiendo que se expresen los sitios por sobre las personas. ¨El uso del raspón le otorga a la Garnacha ese plus extra de tanino que le falta, y un final de boca fresco y largo¨. Cada año, cada lote es fermentado por separado, y se le da al vino lo que necesita. Las crianzas se realizan o en cemento o madera vieja y de formatos relativamente grandes, y se evita el uso de barrica bordelesa nueva. 

Repaso mis notas de catas escritas esos días y aparecen varias veces las palabras ¨terroso¨, ¨herbal¨, ¨cítrico¨, ¨floral¨, así como ¨pureza¨, ¨elegante¨, ¨delicado¨. Aun saboreo la fineza del Sant Antoni, la exuberancia del Heretge Cariñena, o la rareza y complejidad del Rancio.

¨Antes que yo llegara, durante cientos de años, hubo un montón de gente trabajando con esto. Lo mínimo que debería hacer, es intentar dejar todo al menos igual de bien de lo que lo he encontrado, porque después de mí va a venir otra gente. Y al final, las personas nos vamos a ir, pero el lugar va a perdurar. Es más real y honesto intentar querer mostrar un sitio que intentar mostrarme yo¨.

Por Valeria Gamper

Ilustración: Mariela Solari

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