CORCHO vs. ROSCA, la falsa pelea

Muchos consumidores se preguntan ¿porqué el vino que conocían con corcho de alcornoque hoy les llega con tapón sintético o incluso con tapa a rosca? ¿Es sinónimo de pérdida de calidad? ¿En qué influye el tapón a la hora de calificar la calidad de un vino y su conservación? Lo cierto es que desde los años 90 y primera década del 2000 la dinámica de cambio de tipos de cierres ha sido muy grande y ha generado muchas consultas, incluso en el mundo de los expertos, que debían evaluar nuevas formas de taponar sus vinos, ya sea por costos, por calidad, o para segmentar sus líneas.

En los últimos diez años esa tendencia ha continuado pero no tan pronunciadamente. Para saber más sobre la tendencia en cambio de tapones, fuimos a consultarle a Andrés Belinsky, Gerente General de Vinventions Sudamérica, quien se encarga de comunicar la gran variedad de tapones que existe hoy en Argentina y las distintas estructuras que se fueron rompiendo dando paso a nuevas posibilidades. 

¿Cuál es la tendencia mundial del pasaje del corcho de alcornoque al corcho sintético o la tapa a rosca?

AB: “Hoy hay cuatro grandes grupos: corcho natural de una pieza, corchos técnicos (aglomerado, microaglomerado, 1+1), sintéticos y tapa a rosca.

Aproximadamente a nivel mundial el 10% es corcho natural de una pieza, el 40% corchos técnicos, el 33% es tapa a rosca y 17% sintético. Pero difiere mucho de mercado a mercado. Además hoy cada categoría va introduciendo mejoras: corchos naturales con mejor nivel de detección de TCA, microaglomerados de corcho que buscan aglomerantes más sustentables, tapones sintéticos con materia prima vegetal y capaces de tapar vinos con 25 años de guarda o tapa a rosca con “liners” respirables”.

¿En la Argentina existe esa tendencia? 

AB: “Argentina ha tenido su propia evolución, sobre todo desde el año 2000 a la fecha. Pero los porcentajes difieren al promedio mundial y según la información que manejamos nosotros en Vinventions estimamos un mercado de 1.000 millones de botellas producidas, el 40% usan tapones sintéticos, el 10% corcho natural, el 35% corchos técnicos y el 15% tapa a rosca”. 

Después de muchos mitos y realidades, el sommelier se ha planteado muchas veces si aceptar con soltura esta nueva dinámica de cambio de tapones, que desde un punto de vista, atentaría contra una liturgia aprendida en el vino, que ya cuenta con siglos de historia, y que además de otorgar una relación con el consumidor le permitía, al momento de descorchar, entablar una relación con el comensal que hablaba sobre la experiencia de esa botella. 

Hoy hay muchos estudios que desmienten que la tapa a rosca sea sinónimo de poca calidad, ya que es ventajosa en muchos aspectos, no solo por los costos sino por su hermetismo y por la facilidad en la que en muchos momentos de consumo puede abrirse un vino, empezando a competir con otras bebidas que llevaban la delantera de la “practicidad”. Entonces, si para cada vino existe un tapón diferente que se adecúe a sus necesidades, ¿Cuál es el principio fundamental a la hora de elegir el mejor tapón para una botella?

AB: “El principio fundamental debería ser que sea capaz de preservar al vino en forma correcta, de acuerdo a la intención del enólogo, hasta el momento del consumo.

Por eso es muy importante saber que las bodegas dedican mucho tiempo a evaluar qué tipo de cierre van a utilizar, y la mayoría de las veces utilizan varios sistemas diferentes según las líneas de vinos y también las preferencias del mercado. Por ejemplo vino de precio bajo y medio en Inglaterra, prefieren siempre la tapa a rosca”.

La Argentina parece tener una tradición muy arraigada con el alcornoque que en buena medida le hace ver al consumidor con el rabillo del ojo a la tapa a rosca. Pero de a poco y gracias a la comunicación correcta, los sommeliers han podido erradicar de a poco esos prejuicios y sacar al vino de ese lugar sacralizado en el que se lo había puesto, no sólo alejándolo del consumidor sino sustentado en varias premisas falsas que en vez de otorgar disfrute le generaban estrés y distanciamiento. Esa tarea no se ha terminado, la gente aún pregunta por qué es que hoy determinados vinos cambian su forma de tapón. Entonces le preguntamos a Andrés sobre el rol de los sommeliers y qué deberían comunicar al respecto. 

 AB: “Considero que el sommelier debe estar capacitado y así puede dar explicaciones si el cliente lo requiere. Ayudar a educar cuando haga falta y evitar los preconceptos. Hoy el sistema de cierre no determina la calidad del vino y tampoco es siempre el culpable si el vino presenta algún defecto, puede ser el cierre o muchas otras razones”.

¿Cuál es el tapón más usado en la Argentina?

AB: “En Argentina se usan mas o menos la misma cantidad de corcho técnicos (en su mayoría aglomerados y microaglomerados) que de sintéticos, entre un 35% a 40% del total cada uno. En el caso de los sintéticos me toca decir con orgullo que Nomacorc es el líder y tapamos una de cada tres botellas del mercado. Y no solo de los vinos de gama de entrada, sino muchos de gama media y alta. Aunque en las gamas altas sigue reinando el corcho natural y algunos microaglomerados super premium”.

¿Existen altas gamas con tapa a rosca?

AB: “Claro que sí. Solo que no es común en Argentina, pero si lo es en Nueva Zelanda o Australia”.

Es importante entender que la calidad del vino está condicionada por muchos factores y que el tapón no es el factor determinante. La complejidad suele marear al consumidor de tal manera que lo convierte en terreno fértil para caer en reduccionismos y simplificaciones que nos toca como sommeliers ir desandando para que culturalmente no se afiancen mitos que no benefician en nada al sector. 

El tema de los tapones es que además de estar relacionado a la calidad, está asociado a los momentos de consumo, al marketing y sobre todo a la llegada a nuevos consumidores que pueden ver con buenos ojos la innovación y la propuesta de algo distinto. Estar atentos e informados es una consecuencia natural de esta profesión que debe moverse tan rápido como lo hace nuestra industria vitivinícola. Quizás lo más importante sea, además de informarse bien a la hora de comunicar, tener presente que cuanto menos flexible sea nuestra mirada, menos flexible será la llegada a los amantes del vino. Consecuencias que no siempre se ven a corto plazo, pero que con el tiempo puede traernos dolores de cabeza, sobre todo si se refuerzan las tendencias en el mundo que van en nuevas direcciones con motivos que hay que aprender a leer con precisión.

Es necesario salir y volver a mirar para saber dónde se está parado. Y así como no podemos decir que tenemos un solo Malbec o un solo estilo de vino en el país, podemos comunicar con seguridad que no existe ni una sola forma de taparlo, ni una sola forma vivir el vino.

Ilustración: Mariela Solari

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