La historia de la Y

Siempre tuve la sensación de que la historia ya había pasado, que de alguna manera las cosas históricas, las contundentes, las que habían marcado a la humanidad ya habían sucedido en algún otro tiempo. Y me preguntaba si en este tramo que nos tocaba transitar, vivos así como estamos, iba a poder sentir un poco de la adrenalina que se siente al torcer el rumbo de las cosas, porque ¿para qué estar vivos si no se puede cambiar al menos algo, una inercia, la propia vida, o al menos un poquito de la injusticia a la que tanto tememos acostumbrarnos?.

Pero luego llegó el Covid.

Y nuestras vidas pasaron de autómatas a bizarras en segundos, y a replantearnos todo lo que antes sucedía de una manera tan natural, tan obvia. Estar encerrados nos hace pensar en si verdaderamente pertenecemos al lugar donde estamos, porque siempre se pertenece a un lugar, y no siempre se detiene el mundo de una manera tan elocuente como para darse cuenta si se está en él.

Ser de un lugar no es algo que se elige, es más bien algo que sucede, podríamos ponernos encima todos los maquillajes, las barricas, los tartáricos, los sulfitos, y aún así, atrás de todo eso habría un origen, un lugar al cual pertenecemos. 

La letra Y es la vigesimosexta letra del alfabeto, pero en este universo de búsquedas de terruños, signfica también un enlace y la unión de dos caminos que convergen en uno.

Bodega La IGRIEGA encontró en esa filosofía no sólo un nombre que se asegurara un enlace permanente al lugar y a ellos mismos, sino que en definitiva comunicara lo que el vino viene diciendo hace rato: “yo uno”.

LA IGRIEGA significa enlace, unión, nexo, suma. Se trata del equilibrio, el balance que todos buscamos en nuestras vidas.. cada uno tiene su propia IGRIEGA, trabajar y disfrutar,  hacer y sentir, familia y amigos … la idea de poder encontrar ese punto en el cual nos sentimos satisfechos con un poco de cada cosa. Y no hubo dudas cuando llegamos al mundo del vino de cual iba a ser el nombre que diera vida a nuestro proyecto.  Y pensando en lo que hacemos, queda claro además que LA IGRIEGA es la suma de un magnífico terroir situado en las alturas de los Andes; el cuidado de un reconocido ingeniero agrónomo (Carlos Caggiati); las habilidades de un excelente enólogo (Felipe Stahlschmidt), y la pasión de la familia Goldberg, nuestra familia”. Nos cuenta Nicolás Goldberg, hijo de Marcelo Goldberg, de reconocida trayectoria en la industria textil (Vitamina, Uma).

Y es que el lugar es el que marca el camino que se recorre. Un poco aleatorio, porque no hemos elegido dónde nacer, pero sí podemos salir a buscar ese paisaje que al pisarlo nos convierte en alguien que podemos reconocer, con quien podemos convivir, ese lugar que sabe expresar lo mejor de nosotros mismos. Con lo cual ser parte de un lugar, como lo es en el vino, no es sólo un deber, sino también un derecho.

De las mejores enseñanzas  que nos deja el vino en los últimos años es aquella que cuenta que la identidad tiene que ver con el origen, y que el cuidado de ese origen constituye un patrimonio que hay que defender. Apostar a las modas en vez de los orígenes corre con un riesgo enorme: el inmenso vacío que queda cuando la moda se va. Hoy uno de los caminos más interesantes que tenemos es comunicar a nuestros vinos por su identidad particular, por su distinción única y no porque uno sea mejor que el otro, sobre todo cuando hablamos de zonas geográficas. 

Para nosotros, un vino genuino es aquel que transmite la esencia del lugar de donde proviene, pero también que a través de su estilo representa la identidad de quien lo elabora. Nuestra búsqueda constante es la de hacer vinos que reflejen las características de PARAJE ALTAMIRA, con las particularidades que este lugar único tiene en nuestra Finca, sin dejar de lado quiénes somos nosotros como hacedores de vino, de donde venimos y hacia dónde queremos ir”, nos dice Nicolás

Bodega LA IGRIEGA forma parte de los 11 productores que conforman P.I.P.A (Productores Independientes de Paraje Altamira). En el año 2013, el Instituto Nacional de Vitivinicultura INV reconoció  a Paraje Altamira como una Indicación Geográfica (IG) de Argentina, reconociendo las características únicas del lugar y como zona productora de vinos de alta gama. Luego de eso, hace ya más de tres años, se conformó esta organización sin fines de lucro que reúne a 11 productores trabajando  incansablemente para comunicar el lugar y destacarlo por su manera única de expresión en los vinos, y en particular del Malbec.

P.I.P.A. no solo busca comunicar lo que hacemos mediante eventos, ferias, participaciones con críticos internacionales, MW y sommeliers, sino que también encaramos un estudio en conjunto para conocer más nuestro terroir, apoyamos proyectos sociales, y esperamos podamos seguir avanzando en diversas propuestas. En mi caso personal soy Tesorero de la Asociación y como tal estoy muy involucrado en todo lo que vamos haciendo. Hoy somos once, pero esperamos con el tiempo se sigan sumando más”.

Hablemos un poco de Paraje Altamira, porque muchas veces lo mencionamos pero no siempre nos detenemos a viajar mentalmente hasta allí. No les voy a pedir que cierren los ojos por obvias razones, pero hagan un esfuerzo en imaginar.

Paraje Altamira se encuentra en el corazón del cono aluvional del Río Tunuyán en el pedemonte de la Cordillera de los Andes, dentro del distrito de La Consulta, al sur del Valle de Uco. Cuenta con una superficie total de 3660 ha, de las cuales aproximadamente 1900 están cultivadas. Es uno de los lugares con más historia y cultura vitivinícola del Valle de Uco, se pueden encontrar viñedos centenarios.  El nombre “Altamira” puede deberse a su altura, muchos aseguran que era bueno para el avistaje de pájaros y para ver las fincas de la zona. Una especie de mirador que también nos permite hoy  mirar el rumbo del vino, ya que sus tierras cada vez se valorizan más y sus vinos obtienen mayores puntajes. 

En su mayoría Paraje Altamira está conformado por fincas chicas de pequeños productores, lo que le da una identidad particular y única dentro del Valle, que por lo general está compuesto por grandes extensiones de pocos dueños. Este detalle además de ser romántico, permite que la impronta de cada productor pueda ser volcada en los vinos como un sello de identidad y que la escala favorezca al detalle y la experimentación en la forma de interpretar el lugar.

La altura de más de 1000 msnm y los suelos con presencia de carbonato de calcio, le deben su característica a la presencia de rocas sedimentarias marinas y continentales, y  rocas volcánicas del Jurásico, Cretácico y Cenozoico. Un abanico conformado con los depósitos fluviales del río Tunuyán, que nace a 5000 msnm. Sí, a cinco mil metros sobre el nivel del mar. Favorecida por el clima continental y los fríos intensos,  dan una sanidad natural a la zona que necesita de poca intervención, y de mucha pericia. Zona de piedras gigantes, blancas, como si viajáramos al mismísimo origen de la tierra. Sin dudas, un lugar con misterio.

Su geografía y particularidades definen nuestros vinos, pero está claro también que existen muchas y diversas interpretaciones de las zonas, si no todos los vinos de un mismo lugar serían iguales. Por eso siempre, más allá de las coincidencias que existen en cuanto ciertas características, me gusta hablar de cómo nosotros entendemos al lugar. Nuestros vinos siempre buscan expresar fruta, frescura y acidez en la medida de lo que nuestra uva nos da”.

Nicolás (hijo) y Marcelo (Padre), arrancaron este proyecto hace poco más de diez años.  El vino no les llegó como un legado generacional, a diferencia de la mayoría de las bodegas. Aún así les gusta mirar al futuro como quien inicia un edificio, a lo lejos. Y  es que al parecer, están en el lugar indicado para hacer eso, un mirador donde mirar alto, lejos, donde avistar el propio destino.

Hoy nuestro desafío pasa por llegar a más rincones del país. Estamos focalizados en lanzar nuestra nueva Web y la tienda Online (www.laigriegawines.com/tienda) en la cual se pueden comprar  nuestras líneas de vinos y los enviamos a todo el país. En julio fraccionaremos la cosecha 2019, y 2020 del Rose, ¿y por qué no? también alguna novedad que ya estaremos revelando”.

Siempre que pertenecemos a un lugar solemos pensar que todo lo que nos rodea es tan sólo una parte de nosotros mismos. Por eso nos hace eternos, porque podemos irnos del planeta y ese lugar nos permanecerá allí, nos hará invencibles y perennes a través del tiempo. En definitiva todo es polvo, todo vuela con el viento, nada supera la inestabilidad del cuerpo y de la vida. Todo se disuelve en el hilo de la historia, todo menos el amor por las piedras, el amor por la tierra, el amor por el cielo y por las cosas que quedan cuando los amantes se van. Nuestro nombre grabado en el cielo, un acto no medido, un beso no calculado, un mar profundo sin ninguna, ninguna explicación. 

Por Mariana Gianella

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