Agrelo y la pendiente

“Voy a sonreír, y mi sonrisa va a hundirse en tus pupilas, 

y el cielo sabe lo que llegará a ser”

Jean Paul Sartre.


El vino es existencial, nace para mostrarnos una parte de cómo estar vivos y muere adentro nuestro en alguna noche de alegría o de introspección, que se transforma como el agua, de persona a persona, en un hilo vital que no se apaga, y que recuerda en los vacíos, que no somos más que eso, un ciclo, una sonrisa, un llanto, y un adiós. 

Es apasionante descubrir estas leyendas, los productores de vino jamás tienen una historia débil detrás; y cuando no la tienen, el vino también carece de algo que contar. Porque en definitiva no estamos separados, no somos otra cosa que la forma en la que hacemos nuestras cosas, la forma es el contenido. 

En la historia de hoy, hay una pendiente, hay luces y sombras, que cuentan cómo a veces la manera en la que nos da el sol es nuestra expresión absoluta, nuestra forma de estar vivos. Y aunque somos una libertad lanzada al enorme desafío de vivir una vida, también somos la vid en la pendiente, que no elige cuánta luminosidad recibe y aún así, encuentra su forma singular de ser vino.

Agrelo está situada al sur del río Mendoza, y como un prisma de muchas caras, despierta en las vides miles de costados. Muchos Agrelos distintos en las botellas. Según la clasificación más general del geofísico Guillermo Corona, Agrelo tiene tres características principales de suelo y está dividido en tres. El Agrelo “BAJO” contiene suelos franco limosos arcillosos, profundos, y es una zona más heladora con mucha amplitud térmica. El Agrelo “MEDIO”, tiene suelos francos y dependiendo del sector, a veces suele aparecer la piedra. Y en el Agrelo “ALTO”, más cercano a la montaña,  hay menos amplitud térmica (aunque esto nos sorprenda), y se trata de un lugar más fresco que los dos anteriores con suelos pedregosos y heterogéneos. 


El vino que entra en la montaña. 

¿Será como en toda escultura, que los vinos que allí nacen, deben ser buscados entre la piedra? Matías Prieto, agrónomo y hacedor de los vinos de Lorenzo de Agrelo, hace ya casi una década, indaga en la particularidad del lugar y hasta tramita una IG para diferenciarla de otras zonas. 

“Los suelos de Alto Agrelo son suelos de origen aluvional, como prácticamente toda la provincia de Mendoza. La característica principal que tienen nuestros suelos, es que están sobre la pendiente que le da origen a la formación.  El material grueso y todos los materiales finos conforman la parte clásica de Agrelo. En el Valle vas a encontrar materiales más finos como limo y arcilla, y en alto Agrelo vas a encontrar suelos con granulometría más grande. Poco limo, un suelo de 20-30cm y luego material rocoso. En nuestro suelos hay presencia de carbonato de calcio y como condición muy importante, mucha pendiente. Estamos hablando de entre 3,5 y 5 % de pendiente; esto quiere decir que cada 100mts lineales tenemos un desnivel de 3,5 a 5mts”. 

La bodega nace de un proyecto en conjunto que llevan adelante Hernán de Laurente y Marcelo Tinelli con la idea de profundizar en esta zona y hacer un trabajo de parcelas de Malbec. La amistad es una de las cosas de las que pocas veces se habla, pero que suele estar presente en las historias de la mayoría de los buenos vinos. Donde hay un buen vino, suele haber una buena amistad. 

“La historia del proyecto es una historia muy linda, que habla de la amistad, de lo puro y del disfrute entre amigos. Por eso el vino ícono del proyecto es Fede, en conmemoración a la amistad de un amigo que ya no está más, pero que siempre está presente en cada ocasión y en cada brindis. Yo creo que eso es lo más importante. Creo también que la idea es diversificar en los vinos, por ejemplo en los tres “Lorenzo”, donde trabajamos con  exposiciones diferentes. LoSagrado, LoDivino y LoBendito, exposición sur, cenital y norte, respectivamente. Cada reunión, o cada encuentro, tiene diferentes matices a lo largo del transcurso del encuentro, los vinos también tratan de expresar eso. En una misma reunión vas pasando por diferentes estados anímicos, en un mismo viñedo muy cercanos, vas generando cosas distintas también”, nos cuenta Matías. 

Los vinos conversan, Lorenzo es más que un nombre y Agrelo tiene una historia escondida. Cercanías y vaivenes en todos los casos.  Agua transformándose en vino y los amigos que se van a veces para custodiar en nuestra mirada que no se nos pase aquello de “la vida es una sola, vivila”. Las pendientes que nos hacen caer cuesta abajo, son las mismas que finalmente nos enseñan en la caída algo que jamás hubiéramos aprendido sin rodar. Así las viñas aprenden de su exposición al sol y cada uno redondea su personalidad según las circunstancias que le toca vivir. Cada uno es lo que supo hacer de la pendiente, porque como también dijo Sartre, “Una batalla perdida es una batalla que uno piensa que ha perdido”. 

“La pendiente es fundamental. Origina vientos permanentes, en la mañana y en la tarde, lo que hace tener una mejor sanidad. Una humedad relativa mas bien baja. Las condiciones de temperatura son bastante cálidas en el día y esto es porque esa inclinación que tenemos hace que el sol pegue perpendicularmente más temprano a la mañana y no al mediodía como es en el valle. Pero la noche es súper fresca y esa amplitud térmica nos conserva una acidez en la uva increíble, que para mí es fundamental en los vinos, tanto para que sean tan bebibles, esa fluidez que le da la acidez, como también para obtener  PH muy bajos que le dan una conservación al vino y un potencial de guarda muy grande”. 

La excelencia muchas veces no es más que una palabra mal usada. Es excelente a su forma lo imperfecto, porque la vida es imperfecta, porque lo “excelente” no es un resultado, sino la búsqueda cotidiana, tranquila, no exaltada, de una mejor versión. En definitiva, lo “excelente” no existe, es un recorrido eterno que iniciamos en su encuentro, y que aunque jamás lleguemos al mismo horario a la cita, tendrá como resultado un trayecto, un camino que nos dirá quiénes somos. Además, que no podamos encontrarnos, no significa que no podamos intuirnos. 

Los vinos no evolucionan solos, también lo hacen las personas que los hacen. Por eso el nacimiento de nuevas zonas es tan constitutivo para ciertos productores que en el hallazgo de un nuevo terroir,  encuentran también una nueva forma de estar en el mundo. Se colonizan, se redescubren, se reinventan con el vino. 

 “Me inspira ir elaborando e ir encontrando la evolución desde el comienzo y perfeccionando la máquina para tratar de obtener lo mejor cada año. Es un lugar muy interesante con cualidades muy distintas. Creo que todavía nos queda mucho por descubrir. Es desafiante, una zona que todavía tiene muchísimo potencial para explorar. En los vinos ya lo estamos viendo, que para mi gusto son increíbles, con total humildad, pero creo que todavía tenemos mucho para seguir creciendo. Va a ser una zona que va a hablar mucho.  Está Agrelo, la zona clásica de Mendoza, donde empezaron los grandes vinos, y después el Valle de Uco, donde fue la revolución. Yo creo que en alto Agrelo tenemos una combinación de las dos partes, la elegancia del Agrelo clásico con un poco más de potencia, quizás no tanta como en el Valle de Uco, pero acompañada de esa elegancia única que no está presente en otros lados. Son vinos muy sutiles y bebibles, para un montón de ocasiones”. 

La parte baja del viñedo tiene la línea Mártir Malbec, Chardonnay, Cabernet Franc.  En la parte media, además de la pendiente determinada por la cordillera que va de oeste a este, hay otra determinada por concavidad de los conos aluvionales y que sólo los viñedos que se ubican al inicio de los conos saben retratar. Estamos hablando de una exposición al sur (umbría) y al norte (solana). Lorenzo son tres Malbec de parcelas distintas en líneas horizontales con orientaciones diferentes en la pendiente, una que mira más al sur, otra cenital, la otra al norte. El sol pega de manera heterogénea durante el día y los perfiles aromáticos que se generan se multiplican. Aunque esto lo hemos escuchado mucho, es un concepto que no existe tanto en Argentina: vinos de parcela pero diferenciados por su orientación al sol. Fede, es el vino ícono, parte de la zona especial de un viejo lecho de río con condiciones de suelo y microclima únicos. 

“Tenemos que tener siempre en cuenta la pendiente, su  principal característica quizás sea que no tenemos problemas de helada, porque al ser tan pronunciada, el aire frío escurre hacia abajo, hacia el valle. También la pendiente hace que haya viento de forma permanente, que se llama “brisa del valle” y “brisa de la montaña”. O sea, todos los días hay viento y este viento hace generar condiciones de sanidad espectaculares para la uva. Trabajamos con muy pocos productos para protegernos ante enfermedades. Y a su vez ese viento, es el que va generando pequeñas cicatrices en los hollejos, por eso atribuyo a que tenemos hollejos más gruesos, que se transforman en más estructura y aroma”. 

Los amigos que se van. El vino existencial. Las pendientes. La excelencia. Los vinos y las zonas que conversan. Los proyectos que reúnen en su filosofía la dificultad convertida en puerta, en desafío. La tierra donde estamos parados que a veces se abre, o se cae como un tobogán,  dejándonos en un vacío de preguntas que se convierten con los años, en todo lo que somos. Somos las preguntas que nos hemos hecho, somos las respuestas que nos hemos dado. Somos la capacidad de tomar nuestra circunstancia y convertirla con el tiempo en nuestro nombre y apellido, en nuestra dirección y código postal. Ni mártires, ni héroes, somos las decisiones que tomamos, las risas que reímos, y las batallas que no hemos dado por perdidas. 

Por Mariana Gianella

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