Un sueño de altura

El proyecto que surgió hace algunos años de la mano de Carlos Urtasun y Marcela Canals tomó un giro que no habían contemplado. En su búsqueda por alejarse de Buenos Aires para encontrar un lugar en donde pudieran estar más en contacto con la naturaleza, llegaron a Cachi, en Salta, donde se radicaron y fundaron un complejo de cabañas.

¿Por qué Cachi? ¿Por qué Salta?

Carlos Urtasun: Siempre nos gustó el norte, no solo el argentino, también Bolivia y Perú, mi suegro era salteño pero vivía en Buenos Aires, y veníamos de visita siempre, en un  Gordini desde Buenos Aires… se imaginan, solo a comer un asado obvio acompañado de un torrontés en la quebrada de San Lorenzo y pegar la vuelta. Nos fuimos enamorando de sus montañas hasta que en el año 1992 decidimos vender todo e instalarnos en la capital de Salta, ahí comenzó todo.

¿Qué los animó a plantar sus primeras vides? ¿Querían hacer vinos especiales cuando comenzaron a plantar?

Carlos Urtasun: Nosotros nos dedicamos a la gastronomía siempre, de oficio fotógrafos, y los valles nos daban esos platos y paisajes inmensos, así que los recorríamos todo el tiempo. En uno de esos viajes ya decididos a buscar algo, encontramos esta finca y comenzamos a imaginarla, siempre estuvo la idea de plantar vides en medio de las cabañas del proyecto turístico, sabíamos que los proyectos eran paralelos al turístico y mucho después el enológico,  nos asesoramos con personajes del mundo del vino y con las ganas profundas del emprendedor, arrancamos.  Compramos nuestras plantas en Mendoza con la idea de hacer vinos de alta gama, siempre la idea era hacer vinos especiales y tintos, o intentarlo por lo menos. Armamos una represa, la falta de agua era el gran primer problema, se abonó la tierra e incluso se armaron cultivos anteriores para oxigenarla y mientras tanto juntar información. En el 2007 plantamos nuestra pequeña primera parcela, la de la casa 3 y 4, así le decimos, dos cabañas que quedaron en el medio de las primeras Malbec. Hoy el proyecto tiene cinco parcelas con 16.500 plantas de Malbec y 1850 de Merlot, en 3,5 hectáreas de vides, diez cabañas y la bodega como corazón.

¿Cómo eligieron el terroir para plantar y cuáles son sus características principales que podemos descubrir en sus vinos?

Lucas Urtasún: Siempre decimos que el lugar nos eligió a nosotros, nos enamoró y con el tiempo descubrimos sus atributos. Estamos al pie de una ladera de una inmensa montaña ya en la Cordillera de los Andes, a 2700 mts. Las lluvias armaron quebradas que bajan muy pocas veces al año pero con mucha fuerza, fuimos entendiendo las bajadas de los ríos y los minerales que arrastran y junto con ellos decidiendo las parcelas, plantamos el viñedo buscando la mayor exposición al sol y que la montaña nos proteja de heladas y posibles granizos.

Es un lugar con condiciones naturales extremas y hay pocas plantas que sobreviven excepto las nativas. Las temperaturas pueden variar hasta 25° en un mismo día y los suelos no tienen prácticamente materia orgánica. La vid es una planta increíblemente inteligente, y logra adaptarse porque reacciona a lo que le ofrece el lugar, a su energía. Madura muy paulatinamente por lo que podemos tener preservada su acidez natural. También disminuye la cantidad de uva que puede producir pero protege más la uva que puede dar. El fruto tiene mucha concentración de taninos y antocianos porque el hollejo es más grueso. Y en los vinos vamos a tener entonces una muy buena estructura, intensidad  aromática y sabores profundos y persistentes. Se siente una energía especial.

¿Cómo se compone hoy la familia de vinos de Miraluna?

Lucas Urtasún: Nuestra primera línea de vinos es representativa de las cualidades del lugar.

La línea Miraluna tiene tres etiquetas, Malbec, Merlot y Malbec Reserva, la trabajamos con crianza, trabajamos mucho la fruta desde la vid en búsqueda de un equilibrio, que la fruta sea la mejor posible y la madera solo haga su aporte. 

El Malbec de etiqueta amarilla, es un vino muy típico de altura, de fruta sabrosa que envuelve toda la boca, de tanino redondo y jugoso, y un final persistente. Ideal para acompañar carnes.

El Merlot de etiqueta azul, es un vino diferente y único, con un color y cuerpo intenso, pero con sabores delicados y una frescura especial.

El Malbec Reserva de etiqueta gris oscura con tono brillante lo asociamos a nuestra tierra, al suelo de lajas que tiene la parcela donde mejor se dan nuestras uvas de Malbec. Es un vino con sabores profundos, que vale la pena criarlo un tiempo más prolongado para que despliegue toda su complejidad. 

Este año sumamos dos nuevas etiquetas que no pudimos mostrar mucho por la cuarentena.

En la línea imágenes paganas, hicimos Ekeko, un blend sin crianza en barricas, con la idea de mostrar nuestra fruta en estado puro, con las dos variedades que tenemos: Malbec y Merlot. 

Y Tata Dios que representa el Sol. Porque nuestros vinos son vinos de sol y de luz. Es un Malbec Gran Reserva, con idea de trascender nuestro tiempo, con mucha capacidad de envejecer.  Es una parcela trabajada con extrema dedicación a 2670 metros sobre el nivel del mar, en lo más alto de nuestra finca, con muy bajo rendimiento y 200% de paso por barricas nuevas. 

Estamos celebrando el mes del Malbec, ¿cómo describirías esta cepa y cómo se comporta en altura en comparación a otras zonas más bajas?

Enólogo Daniel Heffner: Es una cepa que se adapta a la mayoría de los terruños, dando vinos totalmente diferentes en cada lugar. 

En Miraluna a casi 2700 msnm da unos Malbec muy complejos, con una concentración en el color y mucho cuerpo, esto se debe a la gran amplitud térmica, esto hace que tengamos la piel de la uva mucho más gruesa, concentrando en ella antocianos que le dan ese color tan intenso y taninos que le dan la fuerza, estructura y frescura. A su vez encontramos una expresión  aromática única que se caracteriza por la fruta roja pero también negra como moras y arándanos, con aromas florales y notas de hierbas frescas.

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