Entrevista a Gonzalo Carrasco

¿Cómo fueron tus inicios en el mundo del vino y por qué hiciste del vino tu vida?

GC: Soy egresado del Liceo Agrícola y Enológico “Domingo Faustino Sarmiento”, colegio de donde se han graduado gran cantidad de los actuales enólogos y agrónomos. A los 17 años, fue cuando realicé mi primera experiencia en bodega y desde ese momento nunca más me separé del vino. Al principio, muy atraído por el proceso y la elaboración, luego con el tiempo me enamoré del vino, y sobre todo de la degustación. Es un mundo fascinante, muy entretenido, en donde trabajás y conocés mucha gente. Es también un mundo de interesantes contrastes, ya que mezclás permanentemente la sensibilidad para degustar con la rigurosidad técnica en la conducción de los viñedos y en la elaboración.

¿Cómo fue que te sumaste al proyecto de Terrazas de los Andes y cómo surge esta idea?

GC: Allá por el 2002 realicé una vendimia como técnico temporario en Terrazas de los Andes, que repetí en el 2003. Luego de esa experiencia pasé por varias bodegas en Argentina y en otros países, pero siempre me quedó un lindo recuerdo de la bodega y me prometí volver. En el 2011, luego de trabajar tres años en Bodegas Chandon como enólogo de Investigación y Desarrollo, desembarqué en Terrazas, esta vez como enólogo. Desde entonces he estado involucrado en la creación de los vinos de Terrazas de los Andes de la línea Reserva, Single Vineyard y Parcel. 

¿Cómo fue el proceso de elección de las actuales fincas productoras de la Bodega? ¿Qué buscaban de esos terroirs?

GC: Es una larga historia, cada finca tiene algo particular. En nuestras fincas reunimos más de 50 años de historia de plantaciones y adquisiciones en distintos Terroirs. Desde nuestro viñedo más antiguo de Las Compuertas, plantado en el 1929 hasta la última adquisición, nuestro viñedo El Espinillo, Gualtallary a 1650 msnm, plantado en el 2011.

Tenemos hermosos viñedos en las mejores zonas de Luján de Cuyo y Valle de Uco. Esta es nuestra principal obsesión. El criterio de selección de estos viñedos ha sido siempre la innovación y nuestro espíritu pionero. 

La expresión particular y la consistencia en la calidad son dos de los aspectos más valorados en cada terroir.

¿Cuál dirías que es el concepto clave o el espíritu que se puede encontrar en los vinos de la Bodega?

GC: Nuestros vinos son una combinación de expresión de terroir y savoir-faire francés. Con el tiempo, hemos logrado tener elevada expresión en nuestros vinos, sumando complejidad y elegancia con el winemaking. El desafío siempre está más allá, es producir vinos que resistan los años. Que puedan trascender el tiempo, manteniendo frescura y expresión de origen. Es un objetivo bien ambicioso, el cual nos exige mucha consistencia, precisión y por sobre todas las cosas tiempo. Tiempo para degustar y para estar en los detalles.

¿Qué opinión te merece el lugar que ocupa hoy la sommellerie en el mundo?

GC: Me parece una profesión apasionante, que requiere mucho entrenamiento, tiempo y dedicación…

Creo que todavía queda bastante camino por recorrer, y que no solo es responsabilidad del sommelier, sino que también, de los dueños de restaurantes y todos los participantes de la industria del vino.

He tenido la posibilidad de ser aconsejado y atendido por un buen sommelier, y la verdad es que la experiencia cambia positivamente.

¿Qué consejo le darías a los sommeliers cuando tengan que recomendar un vino?

GC: Ser agradable, empático con quien lo pide y comunicarse de manera sencilla.

Tanto el enólogo, como el sommelier nunca terminan de aprender, por la gran diversidad de bebidas que hay en este mundo. De ahí, que la humildad en la comunicación debe ser preponderante

Nunca olvidar que el vino antes que nada es una bebida que se elige tomar para que cause placer.

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